Archive for May, 2008

May
22

En Busca del Enemigo del Hombre

Posted under Budismo, Burning Monk

En mi post anterior, el monje en llamas, dije que pensaba publicar una traducción completa de la carta que Thich Nhat Hanh envió a Martin Luther King en 1965, en la cual explica los motivos que hay detrás de la inmolación de varios monjes Budistas Vietnamitas de esa época, y donde lo insta  a oponerse a la Guerra en Vietnam. He aquí tal traducción, hecha por mí a partir de la trascripción disponible en aavw.org.


 

La auto-cremación de los monjes budistas vietnamitas en 1963 es algo difícil de entender para la conciencia occidental cristiana. La Prensa habló entonces de suicidio, pero en esencia no lo es. Ni siquiera es una protesta. Lo que los monjes dijeron en las cartas que dejaron antes de quemarse apuntaba sólo a alarmar, a conmover los corazones de los opresores y a llamar la atención del mundo frente al sufrimiento soportado entonces por los vietnamitas. Quemarse a uno mismo es probar que lo que se está diciendo es de la mayor importancia. No hay nada más doloroso que arder. Decir algo mientras se experimenta este tipo de dolor es decirlo con el mayor coraje, franqueza, determinación y sinceridad. Durante la ceremonia de ordenamiento, en la forma practicada por la tradición Mahayana, el candidato a monje debe quemar uno o más puntos de su cuerpo mientras toma los votos de observar las 250 reglas de un bhikshu, vivir la vida de un monje, alcanzar la iluminación y dedicar su vida a la salvación de todos los seres. Uno puede, por supuesto, decir estas cosas mientras está sentado en un cómodo sillón, pero cuando estas palabras son pronunciadas mientras se está arrodillado ante la comunidad de sangha y experimentando este tipo de dolor, expresan toda la seriedad del corazón y la mente, y tienen un peso mucho mayor.

El monje vietnamita, al quemarse a sí mismo, dice con toda su fuerza y determinación que puede soportar los mayores sufrimientos para proteger a su gente. ¿Pero por qué tiene que quemarse hasta morir? La diferencia entre quemarse y quemarse hasta morir es sólo una diferencia de grado, no de naturaleza. Un hombre que se quema demasiado debe morir. Lo importante no es tomar la vida propia, sino arder. Lo que realmente busca es la expresión de su voluntad y determinación, no la muerte. En la creencia budista, la vida no está confinada a un período de 60, 80 o 100 años: la vida es eterna. La vida no está confinada a este cuerpo: la vida es universal. Expresar la voluntad quemándose a uno mismo, por lo tanto, no es cometer un acto de destrucción sino realizar un acto de construcción, es decir, sufrir y morir por el bien de los nuestros. Esto no es suicidio. El suicidio es un acto de autodestrucción, teniendo como causas las siguientes:

  • Falta de coraje para vivir y sobrellevar las dificultades
  • Derrota por la vida y pérdida de toda esperanza
  • Deseo de no-existencia (abhava)

Esta autodestrucción es considerada por el Budismo como uno de los crímenes más serios. El monje se que quema no ha perdido su coraje o su esperanza, ni desea la no-existencia. Por el contrario, es muy valiente y optimista y aspira a algo bueno en el futuro.  Él no cree que se esté destruyendo a sí mismo; él cree en la buena realización de su acto de autosacrificio por el bien de otros. Como Buda en una de sus vidas previas (como se relata en la historia de Jataka) que se entregó a un león hambriento que estaba a punto de devorar a sus propios cachorros, el monje cree que está practicando la doctrina de la más alta compasión al sacrificarse a sí mismo para llamar la atención y buscar la ayuda de la gente en el mundo. 

Creo con todo mi corazón que los monjes que se quemaron no apuntaban a la muerte de los opresores, sino solamente a un cambio en su política. Sus enemigos no son hombres. Son la intolerancia, el fanatismo, la dictadura, la avaricia, el odio y la discriminación que yace en el corazón del Hombre. También creo con todo mi ser que la lucha por la igualdad y la libertad que usted lidera en Birmingham, Alabama, no apunta a los blancos sino sólo a la intolerancia, el odio y la discriminación. Esos son los verdaderos enemigos del Hombre, no el Hombre mismo. En nuestra desafortunada tierra natal estamos tratando de gritar desesperadamente: no maten al Hombre, ni siquiera en nombre del Hombre. Por favor maten a los enemigos reales del Hombre, que están presentes en todas partes, en nuestros propios corazones y mentes.

Ahora en la confrontación de los grandes poderes que ocurren en nuestro país, cientos y quizás miles de campesinos y niños vietnamitas pierden sus vidas cada día, y nuestra tierra es arrasada trágicamente y sin compasión por una guerra que ya lleva 20 años. Estoy seguro de que debido a que ha estado comprometido en una de las más duras luchas por la igualdad y los derechos humanos, usted está entre aquellos que entienden completamente, y que comparten con todo su corazón el sufrimiento indescriptible de la gente vietnamita. Los humanistas más grandes del mundo no permanecerían callados. Usted mismo no puede permanecer callado. Se dice que América tiene una fuerte base religiosa y los líderes espirituales no permitirían que las doctrinas políticas y económicas de América pierdan el elemento espiritual. Usted no puede estar callado debido a que ya ha estado en acción y usted está en acción porque, en usted, Dios está en acción también - usando una expresión de Karl Barth. Y Albert Schweitzer, con su énfasis en la reverencia por la vida y Paul Tillich con su valentía de ser, y además, amar. Y Nierbuhr. Y Mackay. Y Fletcher. Y Donald Harrington. Todos estos humanistas religiosos, y muchos más, no van a apoyar la existencia de una vergüenza como la que la humanidad tiene que soportar en Vietnam. Recientemente un joven monje budista llamado Thich Giac Thanh se quemó [el 20 de Abril de 1965, en Saigón] para llamar la atención del mundo hacia el sufrimiento soportado por los vietnamitas, el sufrimiento causado por esta guerra innecesaria - y usted sabe que la guerra nunca es necesaria. Otra joven Budista, una monja llamada Hue Thien estaba a punto de sacrificarse de la misma forma y con la misma intención, pero su voluntad no fue cumplida porque no tuvo tiempo de encender un fósforo antes que la gente la viera e interfiriera. Nadie aquí quiere la guerra. ¿Para qué es la guerra entonces? ¿Y de quiénes es la guerra?

Ayer en una clase, uno de mis estudiantes rezó: "Señor Buda, ayúdanos a estar atentos para darnos cuentas de que no somos víctimas de cada uno. Somos víctimas de nuestra propia ignorancia y la ignorancia de otros. Ayúdanos a evitar involucrarnos más en la matanza mutua por el deseo de otros de poder y predominancia". Al escribirle a usted, como un budista, profeso mi fe en el Amor, la Comunión y en los Humanistas del Mundo cuyos pensamientos y actitud deberían ser la guía para toda la humanidad en buscar quién es el verdadero enemigo del Hombre.

01 de Junio, 1965
Nhat Hahn

May
19

El monje en llamas

Posted under Budismo, Burning Monk, Zen

El 11 de Junio de 1963, 350 monjes y monjas Vietnamitas marchaban en protesta por la persecución del gobierno a la religión budista. Durante la marcha tres monjes bajaron de un sedan celeste que la precedía. Uno de ellos era Thích Quảng Đức, considerado por sus pares como un bodhisattva, que se sentó en la tradicional posición de loto sobre un cojín colocado en el suelo por uno de sus acompañantes. La gente formó un círculo a su alrededor mientras un bidón de gasolina era vertido sobre su cabeza, luego de lo cual Thích Quảng Đức tomó un fósforo, lo encendió y lo arrojó sobre sí mismo.

Los periodistas norteamericanos habían sido informados de que "algo importante" ocurriría ese día, pero sólo algunos fueron a cubrir la noticia. Entre ellos estaba David Halberstam, quien tomó la fotografía que inmortalizaría a Thích Quảng Đức como "the burning monk", el monje en llamas, y que posteriormente describiría la dramática situación de esta forma:

Tendría esa visión nuevamente, pero una vez era suficiente. Las llamas estaban surgiendo de un ser humano; su cuerpo estaba marchitándose lentamente, su cabeza se ennegrecía y se carbonizaba. En el aire estaba el olor de carne humana quemada; los seres humanos se queman sorprendentemente rápido. Detrás de mí podía escuchar el sollozo de los Vietnamitas que ahora se reunían. Yo estaba demasiado conmocionado para llorar, demasiado confundido para tomar notas o hacer preguntas, demasiado desconcertado para incluso pensar… Mientras se quemaba nunca movió un músculo, nunca pronunció un sonido, su serenidad exterior en agudo contraste con la gente que se lamentaba a su alrededor.

La historia para mí empieza muchos años después, cuando, mientras navegaba en Internet, me topé por casualidad con la impresionante escena captada por Halberstam. En ella se aprecia la calma y el autocontrol del monje mientras las llamas lo abrasan vorazmente. Para aquellos que no la conozcan, ésta es la fotografía:

burning monk

El impacto y la curiosidad que generó en mí fueron bastante grandes, y me llevó a leer ávidamente todo el material que encontré acerca de ella. Pronto me enteré de las circunstancias bajo las cuales ocurrió todo, de que Thích Quảng Đức no fue el primer ni el último monje que se quemó, y de detalles curiosos como que su corazón permaneció intacto.

Pero más que en el contexto cultural e histórico o la repercusión pública que tuvo este acto, me interesa enfocarme aquí en la filosofía y el profundo significado que hay detrás de él, pues es difícil de entender para una mente occidental que algo así pueda llevarse a cabo por motivos distintos a la locura o la desesperación. Yo probablemente no lo hubiera entendido de no ser por una carta que Thich Nhat Hanh, un conocido maestro Zen, envió a Martin Luther King. Pretendo publicar una traducción completa de tal carta más adelante, pero aquí sólo quiero destacar las partes que me causaron mayor impresión.

Lo primero que hay que entender, y que puede parecer absurdo en primera instancia, es que para estos monjes no se trata de un acto de suicidio. A pesar de que la posición del Budismo frente al suicidio es un tema complicado, es claramente visto de forma negativa cuando tiene como causa el deseo de autodestrucción:

El suicidio es un acto de autodestrucción [...]. Esta autodestrucción es considerada por el Budismo como uno de los crímenes más serios.

En este caso sin embargo, la muerte es vista simplemente como una consecuencia natural de quemarse severamente, no como el objetivo en sí (el texto entre corchetes es mío):

La diferencia entre quemarse y quemarse hasta morir es sólo una diferencia de grado, no de naturaleza. Un hombre que se quema demasiado debe morir [a consecuencia de sus heridas]. Lo importante no es tomar la vida propia, sino arder. Lo que realmente busca [el monje] es la expresión de su voluntad y determinación, no la muerte.

Lo realmente importante entonces es transmitir un mensaje mientras se soporta el dolor causado por las llamas, pues quien "habla" de esta manera expresa que tal mensaje es de la mayor importancia:

No hay nada más doloroso que arder. Decir algo mientras se experimenta este tipo de dolor es decirlo con el mayor coraje, franqueza, determinación y sinceridad.

¿Y cuál es ese mensaje tan importante? Uno muy sencillo y profundo:

Creo con todo mi corazón que los monjes que se quemaron no apuntaban a la muerte de los opresores, sino solamente a un cambio en su política. Sus enemigos no son hombres. Son la intolerancia, el fanatismo, la dictadura, la avaricia, el odio y la discriminación que yace en el corazón del Hombre. [...] No maten al Hombre, incluso en nombre del Hombre.

Es esta enorme compasión y capacidad de sacrificio lo que marca finalmente la diferencia:

El monje se que quema no ha perdido su coraje o su esperanza, ni desea la no-existencia. [...] Él no cree que se está destruyendo a sí mismo; él cree en la buena realización de su acto de autosacrificio por el bien de otros. [...] El monje cree que está practicando la doctrina de la más alta compasión al sacrificarse a sí mismo para llamar la atención y buscar la ayuda de la gente en el mundo.

Nos encontramos en definitiva frente a un acto de creación y compasión.

Cuando miro la fotografía no puedo evitar pensar que representa de forma sublime la victoria suprema sobre nuestro miedo más grande, la muerte, y el desapego total a nuestra posesión más preciada: la vida. Es el contraste entre el poder del espíritu y la fragilidad de la carne llevado a su máxima expresión. Quien ha alcanzado un dominio tan completo de sí mismo es inmune a todo. Gracias Thích Quảng Đức por tu hermoso mensaje.

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