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En Busca del Enemigo del Hombre
Posted under Budismo, Burning Monk by JuliánEn mi post anterior, el monje en llamas, dije que pensaba publicar una traducción completa de la carta que Thich Nhat Hanh envió a Martin Luther King en 1965, en la cual explica los motivos que hay detrás de la inmolación de varios monjes Budistas Vietnamitas de esa época, y donde lo insta a oponerse a la Guerra en Vietnam. He aquí tal traducción, hecha por mí a partir de la trascripción disponible en aavw.org.
La auto-cremación de los monjes budistas vietnamitas en 1963 es algo difícil de entender para la conciencia occidental cristiana. La Prensa habló entonces de suicidio, pero en esencia no lo es. Ni siquiera es una protesta. Lo que los monjes dijeron en las cartas que dejaron antes de quemarse apuntaba sólo a alarmar, a conmover los corazones de los opresores y a llamar la atención del mundo frente al sufrimiento soportado entonces por los vietnamitas. Quemarse a uno mismo es probar que lo que se está diciendo es de la mayor importancia. No hay nada más doloroso que arder. Decir algo mientras se experimenta este tipo de dolor es decirlo con el mayor coraje, franqueza, determinación y sinceridad. Durante la ceremonia de ordenamiento, en la forma practicada por la tradición Mahayana, el candidato a monje debe quemar uno o más puntos de su cuerpo mientras toma los votos de observar las 250 reglas de un bhikshu, vivir la vida de un monje, alcanzar la iluminación y dedicar su vida a la salvación de todos los seres. Uno puede, por supuesto, decir estas cosas mientras está sentado en un cómodo sillón, pero cuando estas palabras son pronunciadas mientras se está arrodillado ante la comunidad de sangha y experimentando este tipo de dolor, expresan toda la seriedad del corazón y la mente, y tienen un peso mucho mayor.
El monje vietnamita, al quemarse a sí mismo, dice con toda su fuerza y determinación que puede soportar los mayores sufrimientos para proteger a su gente. ¿Pero por qué tiene que quemarse hasta morir? La diferencia entre quemarse y quemarse hasta morir es sólo una diferencia de grado, no de naturaleza. Un hombre que se quema demasiado debe morir. Lo importante no es tomar la vida propia, sino arder. Lo que realmente busca es la expresión de su voluntad y determinación, no la muerte. En la creencia budista, la vida no está confinada a un período de 60, 80 o 100 años: la vida es eterna. La vida no está confinada a este cuerpo: la vida es universal. Expresar la voluntad quemándose a uno mismo, por lo tanto, no es cometer un acto de destrucción sino realizar un acto de construcción, es decir, sufrir y morir por el bien de los nuestros. Esto no es suicidio. El suicidio es un acto de autodestrucción, teniendo como causas las siguientes:
- Falta de coraje para vivir y sobrellevar las dificultades
- Derrota por la vida y pérdida de toda esperanza
- Deseo de no-existencia (abhava)
Esta autodestrucción es considerada por el Budismo como uno de los crímenes más serios. El monje se que quema no ha perdido su coraje o su esperanza, ni desea la no-existencia. Por el contrario, es muy valiente y optimista y aspira a algo bueno en el futuro. Él no cree que se esté destruyendo a sí mismo; él cree en la buena realización de su acto de autosacrificio por el bien de otros. Como Buda en una de sus vidas previas (como se relata en la historia de Jataka) que se entregó a un león hambriento que estaba a punto de devorar a sus propios cachorros, el monje cree que está practicando la doctrina de la más alta compasión al sacrificarse a sí mismo para llamar la atención y buscar la ayuda de la gente en el mundo.
Creo con todo mi corazón que los monjes que se quemaron no apuntaban a la muerte de los opresores, sino solamente a un cambio en su política. Sus enemigos no son hombres. Son la intolerancia, el fanatismo, la dictadura, la avaricia, el odio y la discriminación que yace en el corazón del Hombre. También creo con todo mi ser que la lucha por la igualdad y la libertad que usted lidera en Birmingham, Alabama, no apunta a los blancos sino sólo a la intolerancia, el odio y la discriminación. Esos son los verdaderos enemigos del Hombre, no el Hombre mismo. En nuestra desafortunada tierra natal estamos tratando de gritar desesperadamente: no maten al Hombre, ni siquiera en nombre del Hombre. Por favor maten a los enemigos reales del Hombre, que están presentes en todas partes, en nuestros propios corazones y mentes.
Ahora en la confrontación de los grandes poderes que ocurren en nuestro país, cientos y quizás miles de campesinos y niños vietnamitas pierden sus vidas cada día, y nuestra tierra es arrasada trágicamente y sin compasión por una guerra que ya lleva 20 años. Estoy seguro de que debido a que ha estado comprometido en una de las más duras luchas por la igualdad y los derechos humanos, usted está entre aquellos que entienden completamente, y que comparten con todo su corazón el sufrimiento indescriptible de la gente vietnamita. Los humanistas más grandes del mundo no permanecerían callados. Usted mismo no puede permanecer callado. Se dice que América tiene una fuerte base religiosa y los líderes espirituales no permitirían que las doctrinas políticas y económicas de América pierdan el elemento espiritual. Usted no puede estar callado debido a que ya ha estado en acción y usted está en acción porque, en usted, Dios está en acción también - usando una expresión de Karl Barth. Y Albert Schweitzer, con su énfasis en la reverencia por la vida y Paul Tillich con su valentía de ser, y además, amar. Y Nierbuhr. Y Mackay. Y Fletcher. Y Donald Harrington. Todos estos humanistas religiosos, y muchos más, no van a apoyar la existencia de una vergüenza como la que la humanidad tiene que soportar en Vietnam. Recientemente un joven monje budista llamado Thich Giac Thanh se quemó [el 20 de Abril de 1965, en Saigón] para llamar la atención del mundo hacia el sufrimiento soportado por los vietnamitas, el sufrimiento causado por esta guerra innecesaria - y usted sabe que la guerra nunca es necesaria. Otra joven Budista, una monja llamada Hue Thien estaba a punto de sacrificarse de la misma forma y con la misma intención, pero su voluntad no fue cumplida porque no tuvo tiempo de encender un fósforo antes que la gente la viera e interfiriera. Nadie aquí quiere la guerra. ¿Para qué es la guerra entonces? ¿Y de quiénes es la guerra?
Ayer en una clase, uno de mis estudiantes rezó: "Señor Buda, ayúdanos a estar atentos para darnos cuentas de que no somos víctimas de cada uno. Somos víctimas de nuestra propia ignorancia y la ignorancia de otros. Ayúdanos a evitar involucrarnos más en la matanza mutua por el deseo de otros de poder y predominancia". Al escribirle a usted, como un budista, profeso mi fe en el Amor, la Comunión y en los Humanistas del Mundo cuyos pensamientos y actitud deberían ser la guía para toda la humanidad en buscar quién es el verdadero enemigo del Hombre.
01 de Junio, 1965
Nhat Hahn

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