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La Falacia de la Belleza Interior
Posted under Reflexiones by JuliánPor años se nos ha tratado de inculcar que la belleza interior es la que realmente cuenta, estimulándonos a escoger nuestras parejas de acuerdo a este criterio a pesar de que la publicidad en general transmite implícitamente un mensaje opuesto. En mi opinión esto es en primer lugar arbitrario y en segundo lugar una hipocresía, por las razones que expongo a continuación.
De partida es necesario establecer a qué nos referimos con “belleza interna”: simplemente a las cualidades no corporales de una persona como la inteligencia, la creatividad, la simpatía, la personalidad, la bondad, la generosidad, etc.
Uno de los argumentos que se da a favor de utilizar la belleza interna para valorar a las potenciales parejas, aunque generalmente se toma este criterio como una especie de verdad evidente que no necesita mayor justificación, es que este tipo de belleza es más permanente en el tiempo. La verdad es que muchas veces las cualidades que nombré anteriormente van menguando a medida que pasan los años: las facultades mentales se van perdiendo, la gente se hace más desconfiada, más egoísta, etc. Obviamente hay muchos casos en que este deterioro es mucho menor o incluso inexistente, pero ya que no hay forma de predecir cómo será una persona en 5, 10 o 20 años más, se puede afirmar al menos que no existe ninguna garantía de que la belleza interna sea realmente menos perecedera. Requiere además de cuidado: la mente, al igual que el cuerpo, necesita que se le ejercite.
A mi modo de ver, la elección de una pareja en nuestra sociedad occidental es una especie de operación comercial: una persona, dentro de los límites de una especie de “capacidad adquisitiva” que es determinada por las cualidades que posee y que son atractivas para los demás, va a escoger a la pareja que reúna la mayor cantidad de atributos que le resulten atractivos. La elección de atributos en sí es irrelevante, y esencialmente arbitraria: ¿Qué diferencia hay entre valorar a alguien por ser más o menos inteligente y valorarlo por ser más o menos bonito? En ambos casos se trata a esa persona como un producto que compramos en el supermercado, y ambas cualidades están en gran medida fuera del control de cada uno: si somos inteligentes o no es por simple azar.
Si nos detenemos un momento a pensarlo, vemos que el proceso es bastante frío: buscamos parejas que satisfagan nuestras necesidades (compañía, seguridad, dinero incluso) y con la que compartamos afinidades (música, deporte, etc.). Es muy común que se deje a una pareja por otra persona que posea un mayor número de atributos valorados (más inteligencia, mayor atractivo físico, etc.).
Probablemente la forma de afecto o relación que más se distancie de este modelo de “pareja como un producto” es el amor maternal: una madre va a querer a un hijo tanto si es un genio como un retrasado mental, un santo como un asesino en serie. El único atributo considerado es la condición de hijo en sí, pero solo inicialmente: si una madre descubriese que su hijo no es tal (como por ejemplo en los casos en que se han cambiado recién nacidos por accidente), su amor por no él no disminuiría en absoluto. La adopción es un caso en el que ni siquiera el parentezco biológico es un requisito para el afecto: se trata más bien de una decisión deliberada y consciente de querer a otro ser. Un equivalente a esto en términos de pareja podrían ser los matrimonios arreglados, donde se decide amar y permanecer con una persona que en un principio es un total desconocido, y también cuando se ama a alguien porque se siente una especie de conexión con esa persona.
El problema es que ningún esquema de elección de pareja es completamente satisfactorio: si escogemos por cualidades, estamos tratando a las personas como un producto y no hay nada que nos impida desecharlas cuando ya no posean esas cualidades; si escogemos a alguien solo porque sentimos algún tipo de conexión o si simplemente no tenemos la oportunidad de escoger, podemos vernos en la situación de estar queriendo a una persona horrible. Personalmente creo que lo ideal es estar con alguien que funcione en los dos esquemas: sentir que estamos destinados a amar a esa persona o que es nuestra alma gemela, pero además sentir que independientemente de eso merece todo nuestro amor por sus cualidades.
Como dije al principio, los mensajes publicitarios generalmente exaltan la belleza física con fines comerciales, pero al menos lo hacen en forma consistente. La sociedad por el contrario es muy poco consecuente, y mientras por un lado pregona el valor de la belleza interna por otro lado nos impulsa a buscar justamente lo opuesto: ¿Cuántas veces hemos criticado a alguien por tener una pareja poco agraciada físicamente? ¿Cuántos de nosotros hemos descartado una relación con un “feo” o una “fea” por miedo al qué dirán?
Un ejemplo particularmente interesante es la típica historia en la que una persona, que denominaré “la Buena” porque generalmente es una mujer, poco agraciada físicamente, pero de gran belleza interior, se enamora de su opuesto, una persona inalcanzable por su belleza o su posición social, pero sin muchas más cualidades: el arquetipo del Príncipe. Todos hemos visto una historia con una estructura similar, ya sea en cuentos, novelas, películas o telenovelas, y sabemos cómo termina: el Príncipe es finalmente conquistado por la Buena y la belleza interior triunfa. ¿Pero es un triunfo realmente? ¿Qué ve la Buena en el Príncipe que la hace enamorarse de él? ¡Simplemente belleza física! El doble estándar llevado a su máxima expresión. Hipocresía total, y más aún cuando vemos que generalmente la Buena se transforma cual patito feo en cisne al final de la historia.
Espero que quede claro que no estoy promoviendo el favorecer la belleza física sobre la interior, y ciertamente tampoco lo contrario, sino sólo la libertad de escoger pareja en la forma que nos plazca, sin tener que disfrazarlo, justificarnos o sentirnos superficiales. No juzguemos ni dejemos que nos juzguen.

Al final todo es mierda, da lo mismo como se elijan las parejas, como se encuentre la gente, si ambos son lindos por dentro o por fuera… el amor pasa, las cosas pasan… todo se pudre…
¡Enamorarse es una mierda!
pienso que este articulo esta bien atinado por que a al final el que se queda con la pareja es uno y no los terceros que critican y le ponen peros a una relacion. Por lo tanto los riesgos los debe considerar uno sin tantas opiniones externas que solo confundèn.
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