Jul
07

La Falacia de la Belleza Interior

Posted under Reflexiones by Julián

Por años se nos ha tratado de inculcar que la belleza interior es la que realmente cuenta (a pesar de que los mensajes publicitarios transmiten el mensaje opuesto), estimulándonos a escoger nuestras parejas de acuerdo a este criterio. En mi opinión esto es en primer lugar arbitrario y en segundo lugar una hipocresía, por las razones que expongo a continuación.

De partida es necesario definir qué es la belleza interna: simplemente los aspectos positivos de algo que no son observables en forma física. En el caso de las personas, se asocia normalmente a cualidades como la inteligencia, la creatividad, la simpatía, la personalidad, la bondad, la generosidad, etc.

El argumento que se da a favor de utilizar la belleza interna para valorar a las potenciales parejas, aunque generalmente se toma como una especie de axioma que no necesita mayor justificación, es que este tipo de belleza es más permanente en el tiempo. La verdad es que muchas veces las cualidades que nombré anteriormente van menguando a medida que pasan los años: las facultades mentales se van perdiendo, la gente se hace más desconfiada, más egoísta, etc. Obviamente hay muchos casos en que esto no sucede, pero ya que no hay forma de predecir cómo será una persona en 5, 10 o 20 años más, se puede afirmar al menos que no existe ninguna garantía de que la belleza interna sea realmente menos perecedera.

A mi modo de ver, la elección de una pareja es una especie de operación comercial: una persona, dentro de los límites de su capacidad adquisitiva, determinada por las cualidades que posee y que son atractivas para los demás, va a escoger a la pareja que reúna la mayor cantidad de atributos que le resulten atractivos. La elección de atributos en sí es irrelevante, y esencialmente arbitraria: ¿Qué diferencia hay entre valorar a alguien por ser más o menos inteligente y valorarlo por ser más o menos bonito? En ambos casos se trata a esa persona como un producto que compramos en el supermercado, y ambas cualidades están en gran medida fuera de nuestro control.

Puede parecer frío, pero es lo que vemos todo el tiempo: normalmente buscamos parejas que satisfagan nuestras necesidades (compañía, seguridad, dinero incluso) y con la que compartamos afinidades (música, deporte, etc.). Es muy común que se deje a una pareja por otra persona que posea un mayor número de atributos valorados (más inteligencia, mayor atractivo físico, etc.).

Probablemente la forma de afecto o relación que más de distancie de este modelo de pareja-como-un-producto es el amor maternal: una madre va a querer a un hijo tanto si es un genio como un retrasado mental, un santo como un asesino en serie. Quizás el único atributo considerado es la condición de hijo en sí, pero sólo inicialmente: si una madre descubriese que su hijo no es tal (como por ejemplo en los casos en que se han cambiado recién nacidos por accidente), el amor no disminuye en absoluto. La adopción es un caso en el que ni siquiera la condición de ser hijo biológico es considerada. Pero mejor dejar este punto hasta aquí, no quiero desviarme del tema principal.

Como dije al principio, los mensajes publicitarios generalmente exaltan la belleza física  con fines comerciales, pero al menos lo hacen en una forma consistente. La sociedad por el contrario es muy poco consecuente, y mientras por un lado pregona el valor de la belleza interna por otro lado nos impulsa a buscar justamente lo opuesto: ¿Cuántas veces hemos criticado a alguien por tener una pareja poco agraciada físicamente? ¿Cuántos de nosotros hemos descartado una relación con un "feo" o una "fea" por miedo al qué dirán?

Un ejemplo particularmente interesante es la típica historia en la que una persona (que nombraremos como la Buena, porque generalmente es una mujer) de aspecto poco agradable, pero gran belleza interna, se enamora de su opuesto, una persona inalcanzable por su belleza, pero sin muchas más cualidades que ésa: el arquetipo del Príncipe. Todos hemos sido testigos de una historia similar, ya sea en cuentos, novelas, películas o telenovelas, y sabemos cómo termina: el Príncipe es finalmente conquistado por la Buena y la belleza interior triunfa. ¿Pero es un triunfo realmente? ¿Qué ve la Buena en el Príncipe que la hace enamorarse de él? ¡Simplemente belleza física! El doble estándar llevado a su máxima expresión. Hipocresía total, y más aún cuando vemos que generalmente la Buena se transforma cual patito feo al final de la historia.

Espero que quede claro que no estoy promoviendo el favorecer la belleza física sobre la interior (y ciertamente tampoco lo contrario), sino sólo la libertad de escoger pareja en la forma que nos plazca, sin tener que disfrazarlo, justificarnos o sentirnos superficiales. No juzguemos ni dejemos que nos juzguen.

  1. lkjl Said,

    Al final todo es mierda, da lo mismo como se elijan las parejas, como se encuentre la gente, si ambos son lindos por dentro o por fuera… el amor pasa, las cosas pasan… todo se pudre…

    ¡Enamorarse es una mierda!

  2. PABLO Said,

    pienso que este articulo esta bien atinado por que a al final el que se queda con la pareja es uno y no los terceros que critican y le ponen peros a una relacion. Por lo tanto los riesgos los debe considerar uno sin tantas opiniones externas que solo confundèn.

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