Aug
09
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Bangalore,
India,
Viajes Luego de visitar el Shiv Mandir, nos adentramos un poco en el centro de la ciudad para llegar a nuestro siguiente destino: los edificios administrativos del estado de Karnataka. El más imponente y bonito de ellos es el Vidhana Soudha, edificio que alberga a la asamblea legislativa y que lamentablemente no está abierto al público, por lo que sólo pudimos tomar fotografías de la parte externa (era bastante difícil obtener un buen ángulo porque es muy extenso). Una cosa curiosa de este edificio es el lema en su fachada que reza “Government work is God’s work” (“El trabajo de gobierno es el trabajo de Dios”).
El cambio de paisaje hacía notar que nos encontrábamos en una parte más céntrica de la ciudad
El tráfico no mejoraba…
Parte de la fachada del Vidhana Soudha
“Government Work is God’s Work”
Otro águlo
Junto al Vidhana Soudha se encontraban otros dos edificios muy llamativos: el Vikasa Soudha, mucho más pequeño que los otros y que alberga a los ministerios estatales, y al frente, cruzando la calle, el edificio de la Corte Suprema de Karnataka.
El Vikasa Soudha
La Corte Suprema de Karnataka
En las entradas tanto de la Corte Suprema como el Vidhana Soudha se congregaban muchos vendedores y visitantes. Aquí empezamos a ver otra cosa que se haría constante durante nuestra estadía en Bangalore: la gente nos saludaba con una sonrisa muy alegre y algunos nos pedían que les tomáramos fotos.
Frente a la Corte Suprema comenzamos a hablar con un hombre que nos presentó nuestro conductor. Primero nos hizo las preguntas típicas (de dónde éramos, qué hacíamos en Bangalore, etc.), en un inglés bastante fluido, y luego comenzó a preguntarnos si estábamos interesados en comprar alfombras o artesanías. A mi me pareció bastante agradable, pero a Rodrigo no le gustó y cortó la conversación. Después de alejarnos un poco me explicó que lo había encontrado peligroso, y según él nos había ofrecido “young ladies”, aunque yo no me di cuenta (probablemente me distraje mientras le tomaba una foto a unas personas que me lo pidieron cuando conversaba).
Frente a ambos edificios habían bastantes vendedores y visitantes
Este viejito dormía plácidamente frente al Vidhana Sautha
No queríamos ni imaginar como conduce está gente cuando han tomado…
Las fotos dan otra impresión, pero hacía bastante calor. Por suerte en el “ato” nos refrescaba el viento, y como no teníamos que recorrer a pie grandes distancias nos acalorábamos menos.
Bueno eso es todo por ahora. En el siguiente post voy a hablar de nuestro siguiente destino, una visita al mercado, una de las cosas más llamativas para mí de este paseo.
Aug
09
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Bangalore,
India,
Viajes Ya han pasado varios días desde mi último post, de hecho ya me encuentro de vuelta en Chile, pero pretendo seguir con esta serie sobre India aprovechando que los recuerdo aún están frescos en mi mente.
Domingo 19 de Abril
Rodrigo y yo quedamos de levantarnos alrededor de las 9AM para tomar desayuno y salir a recorrer. Yo me acosté bastante tarde, o bastante temprano si se quiere, pasado las 6AM, cuando ya estaba amaneciendo, Pese a las pocas horas de sueño no tuve ningún problema para despertar, no sé si por las ganas de salir a conocer o por el famoso jet lag.
El desayuno fue bastante bueno, estilo buffet con muchas opciones para escoger, algunas familiares y otras desconocidas, y nuevamente nos vimos gratamente sorprendidos por la extrema amabilidad de la gente. El café del sur de India con leche fue un verdadero descubrimiento, y se transformó en uno de nuestros sabores predilectos de las mañanas. Luego de comer nos dirigimos a la recepción para preguntar por algún mall que estuviera cerca (lo que en realidad no era lo más interesante que podíamos visitar, pero bueno). Aparentemente era sólo cosa de salir a la calle frente al hotel y tomarla hacia la izquierda.
Al salir vi que 3 extranjeros, que reconocí como huéspedes de nuestro hotel, hacían parar a un pequeño vehículo de sólo 3 ruedas, pintado de negro y amarillo, un “auto rickshaw” o “auto”, palabra que la gente a la que le preguntamos pronunciaba como “ato”. Luego de conversar un poco con el chofer los hombres se subieron y partieron con rumbo desconocido para nosotros.
La calle frente al hotel
El “ato” que tomaron los extranjeros
Nuestra idea original era recorrer a pie, pero decidimos imitar a nuestros compañeros de hotel, así que detuvimos al siguiente “ato” que pasó y le indicamos como pudimos (pues el conductor no hablaba mucho inglés) que queríamos ir a un mall. La verdad es que el vehículo era bastante inseguro: además de lo endeble que se veía de cuerpo, no tenía puerta por el lado izquierdo y sólo dos fierros al lado derecho. Parecía que en cualquier momento se podía volcar o íbamos a salir despedidos hacia afuera, y para rematar no estaba en las mejores condiciones, hasta le faltaba el espejo retrovisor del lado del conductor.
Nuestra perspectiva desde atrás
Nota “legal”
Detalle del taxímetro
Detalle del techo
Nuestra segunda experiencia en el tráfico de la ciudad fue aún más intimidante que la primera. En vez de señalizar con luces, los conductores sacaban una mano por el lado hacia el que pretendían girar (aunque algunas veces ni esa molestia se tomaban), había giros en U en cualquier parte, detenciones repentinas en el camino y vehículos que se cruzaban de improviso o que venían en sentido contrario. Básicamente no se respetaba prácticamente ninguna norma de tránsito, seguridad o sentido común. Nuestra teoría era que el “sistema” funcionaba en parte porque la cantidad de vehículos impide ir muy rápido y en parte porque los conductores están preparados para cualquier cosa, por lo que reaccionan de forma apropiada.
A los lados del camino vimos algunas de rasgos de la ciudad que se transformarían en algo cotidiano en los siguientes días: las famosas vacas comiendo y desplazándose libremente por todos lados, una multitud de pequeños negocios, los templos, la gente viviendo literalmente en la calle en unas especies de carpas, las mujeres con sus vestidos de llamativos colores, la pobreza y el contraste social. Nos llamó mucho la atención que familias completas se desplazaran en una sola motocicleta.
Nótese la clínica a la izquierda (“Shiva Ganga Clinic”)
Al fondo un restaurante vegetariano, muy comunes en India
Una familia de cinco personas en una moto
Uno de los muchos vendedores de jugo de coco
Las infaltables vacas
Al ver que el trayecto se alargaba sin que divisáramos el famoso mall, además de alegrarnos por no andar a pie decidimos negociar con el conductor un pequeño tour por la ciudad. Nos pidió 500 rupias (unos 6000 pesos chilenos o poco más de 10 dólares) por un recorrido de 2 horas, lo que nos pareció más que razonable y cerramos el trato.
Entramos a un estacionamiento bastante maloliente donde dejamos el “ato” para dirigirnos a nuestro primer destino, un templo hindú llamado Shiv Mandir. Si yo pensaba que los católicos mezclan la religión y el dinero más de lo conveniente, este templo resultó ser casi una feria (sin ánimo de ofender obviamente). Se cobraba básicamente por todo y en forma separada: por entrar, por sacar fotos, por grabar videos, por las ofrendas, por dejar los zapatos en custodia, etc. De hecho al principio pensé que habíamos entrado a una especie de feria artesanal. “You are blessed… you have arrived at the door step of Shiva!!” rezaba un pequeño cartel en la entrada.
La entrada del templo
“Fotos originales de Shiv Mandir”
Música religiosa en venta a la entrada del templo
Me di cuenta de que en realidad estábamos en un templo cuando llegó el momento de sacarnos los zapatos. Rodrigo y yo nos reíamos pensando en lo poco salubre que debía ser caminar descalzos en ese lugar, y ya nos imaginábamos con una tremenda infección o algún hongo en los pies, pero lo importante era conocer, así que no nos quedó más remedio que hacerlo.
Arriba a la izquierda la custodia de calzado, a la derecha la venta de ofrendas
Uno de los rituales consistía en un “circuito” formado por 108 recipientes metálicos, uno por cada nombre de Shiva, donde el devoto depositaba una moneda después de recitar el nombre correspondiente. Las monedas se podían comprar ahí mismo (obviamente) por tan sólo 200 rupias. Ya que no sabíamos pronunciar los nombres (convenientemente impresos en un folleto) Rodrigo y yo sólo recitábamos una frase o palabra que nos había enseñado el conductor (que resultó ser Católico). Yo al parecer me distraje porque me sobraron bastantes monedas (espero que Shiva no se haya molestado). Me imaginé que no estaba permitido quedármelas, así que simplemente las puse todas en el último recipiente.
El “circuito” de los 108 nombres de Shiva
Las monedas y el folleto con los 108 nombres de Shiva, todo por 200 rupias
Luego de completar el circuito pasamos a una parte más interna del templo, donde varias personas oraban frente una gran estatua de Shiva, notoriamente moderna, pero bastante imponente y agradable estéticamente. Tomamos algunas fotos, y llegó el momento de entregar la ofrenda de vegetales que Rodrigo había comprado en la entrada. No me fijé bien en lo que hacían, pero creo que la molían o desmenuzaban y luego la entregaban de vuelta en la misma bolsa.
La gente orando (al parecer) frente a la estatua de Shiva
Aquí se entregaba la ofrenda
La estatua de Shiva en todo su esplendor
Una vez entregada la ofrenda ingresamos a un nuevo circuito, una especie de pasillo muy estrecho que rodeaba la estatua de Shiva por debajo, donde vimos lo más extraño de todo el templo. Al costado habían varios objetos de lo más variopintos, puestos en vitrinas la mayoría, y que no tenían significado alguno para nosotros, pero que los fieles parecían comprender y respetar. Varios de los objetos eran “animados”, y sus movimientos estaban acompañados por juegos de luces. Dos de las figuras eran antropomorfas (asumí que representaban dioses), y me pareció que la animación pretendía inspirar miedo (luces rojas y sonidos graves), pero la verdad es que provocaban más risa que otra cosa.
Rodrigo entrando al estrecho pasillo del nuevo “circuito”
Esta figura emitía unos sonidos y se encendía una luz roja (el efecto se perdió porque usé flash)
El objeto blanco es un trozo de hielo que la gente tocaba
Este objeto se abría y cerraba periódicamente
Terminado el circuito sacamos algunas fotos más y decidimos marcharnos. Retiramos nuestros zapatos en la custodia y nos encontramos con más puestos de venta, donde Rodrigo compró una figura de Ganesha.
A pesar del aspecto comercial del templo, me quedé con la impresión de que la gente que acudía a él lo hacía con bastante fe y devoción, y que no era muy distinto a lo que vemos normalmente en las iglesias en Chile: varían los rituales y los ídolos, pero en esencia es lo mismo (incluido lo comercial).
Muy satisfechos con la experiencia partimos rumbo a nuestro siguiente destino, pero eso ya queda para el siguiente post.
Esperando los zapatos
La salida estaba repleta de puestos de venta de souvenirs
Uno de los puestos
Esta escena justo afuera del templo me encantó por su colorido