Archive for the ‘Reflexiones’ Category
Aug
13
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Percepción,
Reflexiones,
Ser Humano,
Visión La palabra skim es un verbo inglés que denota la forma de lectura en la que se pasa rápidamente sobre un texto tratando de comprender su significado sin leer todas las palabras. En español no tenemos una palabra equivalente (el diccionario de WordReference da "leer por encima" como traducción), pero es lo que hacemos normalmente cuando buscamos información en un artículo de enciclopedia, por ejemplo, y es realmente útil para ahorrar tiempo. Algunos de los cursos de lectura rápida se basan en esta técnica, que tiene la desventaja (importante en mi opinión y la de muchos) de disminuir en forma significativa el nivel de comprensión y retención del texto leído.
Un par de días atrás me vino a la mente que nuestra forma de percibir lo que nos rodea es bastante similar, en el sentido de que nos "saltamos" información en varios niveles al momento de "leer el mundo". A modo de ejemplo, veamos lo que sucede con la percepción visual.
Primero debemos notar que dentro del espectro electromagnético (el continuo de toda la radiación electromagnética posible), la luz visible ocupa un tramo bastante pequeño (las longitudes de onda de 400 a 750 nm aproximadamente), lo que se aprecia claramente en la siguiente imagen:
Por lo tanto, muchos fenómenos que otros animales perciben nos son simplemente invisibles. Las abejas, por ejemplo, pueden ver un espectro más amplio de luz que incluye a la ultravioleta, lo que les abre un mundo nuevo:
En la fotografía de arriba se muestran dos facetas de la flor de Argentina anserina: a la izquierda tal como es vista por los humanos, totalmente amarilla, y a la derecha como se presenta a las abejas: en un patrón de dos colores, el cual cumple la función de atraerlas y ayudarlas a encontrar el néctar en el centro (el patrón es real, pero los colores son obviamente falsos). Si pudiésemos percibir la luz ultravioleta como las abejas podríamos observar, además de los patrones de las flores, cosas como el daño causado por el sol en nuestra piel.
El mundo en infrarrojo también es distinto a como lo conocemos, como se puede apreciar en esta hermosa fotografía de Dibyo Gahari:
Volviendo al proceso de percepción visual, no toda la luz visible que llega a nuestra retina (la parte del ojo sensible a la luz) es percibida con nitidez, sino sólo la que alcanza una pequeña región de ella conocida como la fóvea, por lo que se hace una distinción entre la visión foveal, nítida, pero bastante lenta, y la periférica, rápida, pero mucho menos aguda. Por lo tanto, al parecer la velocidad de procesamiento es inversamente proporcional al detalle de la percepción, lo que tiene bastante sentido.
Si nos detenemos a pensar un poco podemos encontrar más y más obstáculos que se interponen en nuestra percepción: el campo visual abarcado por nuestros ojos es limitado (no podemos ver lo que pasa a nuestras espaldas, bajo nuestra nariz, etc.), en cada ojo tenemos un "punto ciego", etc. Queda claro que la pérdida de información hasta esta parte es bastante considerable, y aún no llegamos al cerebro.
El cerebro entra en juego para combinar e interpretar las imágenes percibidas por cada ojo, reconstruyendo lo que falta (rellenando los "huecos" causados por los puntos ciegos, por ejemplo) y reconociendo ciertos patrones en desmedro de muchos otros posibles. El foco de atención es de especial importancia en este punto, lo que queda en evidencia en un experimento muy interesante para estudiar la cognición visual llamado "pasar la pelota" ("ball passing"), que se trata simplemente de contar las veces en que algunas personas vestidas de blanco se pasan una pelota. Les sugiero que hagan la prueba antes de seguir leyendo:
En caso de que no lo hayan notado, un personaje extraño se cruza por la escena, en este caso un hombre bailando disfrazado de "oso". El personaje en concreto puede variar de un experimento a otro, pero lo importante es que muchas personas (incluyéndome) no notan su aparición porque están muy concentrados en contar, a pesar de no calzar para nada con el resto de la escena. Pueden ver más ejemplos de esta "ceguera por falta de atención" ("inattentional blindness") en la página de demos del Laboratorio de Cognición Visual de la Universidad de Illinois. Si ni siquiera podemos estar atentos a todo lo que percibimos con un sólo sentido, podrán imaginarse la situación cuando dos o más de ellos entran en juego.
Hacer la conexión entre la connotación negativa que tiene para mí el "leer por encima" y la manera en que funciona nuestra percepción, cosas de las que era consciente por separado, pero que no había relacionado, me dejó pensando por unos minutos: ¿Cuántos detalles preciosos nos pasan desapercibidos día a día? ¿Cuántos elementos en el paisaje? ¿Cuántos sonidos en una melodía? ¿Cuántos patrones y olores? En realidad leemos muy por encima el libro de la vida - we go skimming through life. Y lo peor es que por mucho que nos esforcemos no podemos evitarlo.
Obviamente hay razones biológicas y evolutivas para que funcionemos de esta manera, pero ¿hay forma de evitarlo? Al parecer se puede "estirar" bastante nuestra capacidad de percibir los detalles, pero hay barreras como las fisiológicas que simplemente no podemos traspasar (la estructura del ojo por ejemplo). Por otro lado, los místicos afirman que el mundo se puede percibir de manera directa, sin filtros de ningún tipo, lo que para mí implica ser capaz de percibir todas las formas de energía que nos bombardean sin ningún tipo de interpretación o modificación (aunque claramente no se trata sólo de eso). En cualquier caso, lo mejor que podemos hacer por ahora es sacar el mayor provecho a lo que tenemos, que mal que mal nos ha servido bastante bien hasta ahora.
Jul
24
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Reflexiones,
Sociedad
Este verano me tocó ser testigo de un hecho que me impresionó profundamente y me hizo reflexionar. Mientras volvía de Caburgua, un pequeño pueblo que es un popular destino en las vacaciones y queda a unas 2 horas de mi ciudad natal, vi un caballo tendido al borde de la carretera: estaba con las patas quebradas, y las tripas se escapaban por su vientre abierto: él y su jinete habían sido atropellados por un vehículo. Quizás lo más impactante fue ver la resignación que parecía demostrar el animal, como sabiendo que todo terminaba ahí. No vi el cuerpo jinete, pero adiviné su posición por un grupo de gente reunida en círculo a un par de metros del caballo.
Conversando después del asunto con conocidos que pasaron por la carretera poco antes del accidente, me enteré que el jinete iba borracho, atravesándose de tanto en tanto en el camino hasta que finalmente sucedió el fatal accidente. Lo primero que pensé fue que si ellos o las otras personas que vieron lo que pasaba hubieran hecho algo por sacar al jinete del camino, todo se hubiera evitado. Al menos dos vidas se hubieran salvado, y quizás incluso las de las personas que iban en el vehículo con el que chocaron (nunca supe cuántas eran ni qué suerte corrieron).
Me fui pensando esa noche el resto del camino a casa, sintiendo una enorme tristeza por la forma en que ese ser inocente había sido arrastrado a la muerte por la irresponsabilidad de una persona y la indiferencia de tantas. Finalmente llegué a la conclusión de que hacer nada es simplemente otra forma de actuar y que tiene consecuencias. Somos tan responsables de lo que ocurre como de lo que dejamos que ocurra.
Hace poco tuve la oportunidad de poner esta idea en práctica. Era de noche y yo esperaba el bus (transporte interurbano en Chile) que me llevaría a la cuidad donde trabajo, cuando vi una camioneta que llegaba zigzagueando al local de comida rápida de la gasolinera ubicada junto al paradero. Del vehículo bajó un hombre joven en evidente estado de ebriedad.
Recordando lo sucedido con el caballo, pensé en llamar a Carabineros (la policía local). Manejar ebrio es un delito penado por la Ley en Chile, por lo que denunciar al hombre implicaba enviarlo a la cárcel. Me vi enfrentado de esta forma a un dilema: por un lado, era claro el riesgo de que el sujeto chocara o atropellara a alguien. Por otra parte, pensaba que quizás estaba exagerando la situación, y que podía estar truncando la vida de una persona detrás de la cual seguramente había una familia, personas que sufrirían.
A fin de cuentas y luego de pensarlo por varios minutos no llamé a Carabineros, pero influyó en buena medida el que no supiera cómo marcar el número desde mi celular. Si me viera en la misma situación en el futuro, creo que optaría por denunciar al conductor.
Al principio requiere un esfuerzo consciente poner en práctica las decisiones que tomamos con respecto a nuestra forma de actuar, pero con el tiempo se transforman en parte de nuestra personalidad y la moldean. Sin embargo, tampoco es bueno actuar ciegamente puesto que cada situación es distinta y requiere discernimiento. Reflexionar y mantener la mente despierta y abierta cada día nos ayuda a corregir nuestros errores y hacer menos daño. Nos ayuda a aprender, en definitiva.
Jul
08
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Reflexiones,
Sociedad
Hoy vi un reportaje en la televisión sobre las dos pandillas principales (no sé si las únicas) de Guatemala: la Mara Salvatrucha (también conocida como MS) y la Mara 18 (o MS-18). Ambas tuvieron su origen en Estados Unidos, pero se extendieron a casi toda Centroamérica cuando sus miembros fueron deportados a sus países de origen.
Algunas cosas que me llamaron la atención:
- Lo extremadamente violentos que pueden llegar a ser los miembros de estas pandillas. Mostraron una verdadera masacre que hubo dentro de una cárcel: había cuerpos decapitados en todas partes y el piso estaba resbaloso por la cantidad sangre regada.
- El odio irracional que profesan hacia la pandilla rival. Es como lo que sucede entre las barras bravas de los equipos de fútbol, pero llevado al extremo. También me recordó un poco a las tribus de Norteamérica por los numerosos tatuajes que suelen hacerse y la forma en que el respeto se gana matando enemigos.
- Los miembros afirman que "no se meten con Dios". En la práctica esto significa que la única forma de salir (vivo) de una de estas pandillas es hacerse evangélico. Es extraño este respeto, pues mucha de su simbología está basada en la adoración al Diablo.
- Ninguno de los pandilleros activos entrevistados se mostró arrepentido por los asesinatos cometidos. No sé si esta ausencia de culpa es real o si es algo que están obligados a manifestar, pues la autocensura dentro de cada pandilla es bastante fuerte.
- La fuerte represión: tan sólo tener un tatuaje o hacer un grafiti que se relacione con una pandilla son motivos suficientes para ser encarcelado en Guatemala.
- Los fiscales y los abogados deben portar armas todo el tiempo, para tener una sensación mínima de seguridad.
Una de las cosas que más me impresionó y que lamenté profundamente fue un arresto que se mostró, debido la actitud sumamente abusiva de la Policía, que golpeó violentamente e insultó a dos detenidos sin necesidad alguna (estaban indefensos arrodillados en el piso, con las esposas puestas). Aunque se trate de criminales peligrosísimos creo que el respeto a los Derechos Humanos no debe perderse nunca, así como la humildad de reconocer que lo único que nos separa de esas personas son las circunstancias bajo las cuales crecimos.
Este fenómeno es otro triste ejemplo de lo que sucede cuando se margina a las personas. La marginación es una forma de violencia, y la violencia sólo genera más violencia.
Jul
07
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Reflexiones Por años se nos ha tratado de inculcar que la belleza interior es la que realmente cuenta, estimulándonos a escoger nuestras parejas de acuerdo a este criterio a pesar de que la publicidad en general transmite implícitamente un mensaje opuesto. En mi opinión esto es en primer lugar arbitrario y en segundo lugar una hipocresía, por las razones que expongo a continuación.
De partida es necesario establecer a qué nos referimos con “belleza interna”: simplemente a las cualidades no corporales de una persona como la inteligencia, la creatividad, la simpatía, la personalidad, la bondad, la generosidad, etc.
Uno de los argumentos que se da a favor de utilizar la belleza interna para valorar a las potenciales parejas, aunque generalmente se toma este criterio como una especie de verdad evidente que no necesita mayor justificación, es que este tipo de belleza es más permanente en el tiempo. La verdad es que muchas veces las cualidades que nombré anteriormente van menguando a medida que pasan los años: las facultades mentales se van perdiendo, la gente se hace más desconfiada, más egoísta, etc. Obviamente hay muchos casos en que este deterioro es mucho menor o incluso inexistente, pero ya que no hay forma de predecir cómo será una persona en 5, 10 o 20 años más, se puede afirmar al menos que no existe ninguna garantía de que la belleza interna sea realmente menos perecedera. Requiere además de cuidado: la mente, al igual que el cuerpo, necesita que se le ejercite.
A mi modo de ver, la elección de una pareja en nuestra sociedad occidental es una especie de operación comercial: una persona, dentro de los límites de una especie de “capacidad adquisitiva” que es determinada por las cualidades que posee y que son atractivas para los demás, va a escoger a la pareja que reúna la mayor cantidad de atributos que le resulten atractivos. La elección de atributos en sí es irrelevante, y esencialmente arbitraria: ¿Qué diferencia hay entre valorar a alguien por ser más o menos inteligente y valorarlo por ser más o menos bonito? En ambos casos se trata a esa persona como un producto que compramos en el supermercado, y ambas cualidades están en gran medida fuera del control de cada uno: si somos inteligentes o no es por simple azar.
Si nos detenemos un momento a pensarlo, vemos que el proceso es bastante frío: buscamos parejas que satisfagan nuestras necesidades (compañía, seguridad, dinero incluso) y con la que compartamos afinidades (música, deporte, etc.). Es muy común que se deje a una pareja por otra persona que posea un mayor número de atributos valorados (más inteligencia, mayor atractivo físico, etc.).
Probablemente la forma de afecto o relación que más se distancie de este modelo de “pareja como un producto” es el amor maternal: una madre va a querer a un hijo tanto si es un genio como un retrasado mental, un santo como un asesino en serie. El único atributo considerado es la condición de hijo en sí, pero solo inicialmente: si una madre descubriese que su hijo no es tal (como por ejemplo en los casos en que se han cambiado recién nacidos por accidente), su amor por no él no disminuiría en absoluto. La adopción es un caso en el que ni siquiera el parentezco biológico es un requisito para el afecto: se trata más bien de una decisión deliberada y consciente de querer a otro ser. Un equivalente a esto en términos de pareja podrían ser los matrimonios arreglados, donde se decide amar y permanecer con una persona que en un principio es un total desconocido, y también cuando se ama a alguien porque se siente una especie de conexión con esa persona.
El problema es que ningún esquema de elección de pareja es completamente satisfactorio: si escogemos por cualidades, estamos tratando a las personas como un producto y no hay nada que nos impida desecharlas cuando ya no posean esas cualidades; si escogemos a alguien solo porque sentimos algún tipo de conexión o si simplemente no tenemos la oportunidad de escoger, podemos vernos en la situación de estar queriendo a una persona horrible. Personalmente creo que lo ideal es estar con alguien que funcione en los dos esquemas: sentir que estamos destinados a amar a esa persona o que es nuestra alma gemela, pero además sentir que independientemente de eso merece todo nuestro amor por sus cualidades.
Como dije al principio, los mensajes publicitarios generalmente exaltan la belleza física con fines comerciales, pero al menos lo hacen en forma consistente. La sociedad por el contrario es muy poco consecuente, y mientras por un lado pregona el valor de la belleza interna por otro lado nos impulsa a buscar justamente lo opuesto: ¿Cuántas veces hemos criticado a alguien por tener una pareja poco agraciada físicamente? ¿Cuántos de nosotros hemos descartado una relación con un “feo” o una “fea” por miedo al qué dirán?
Un ejemplo particularmente interesante es la típica historia en la que una persona, que denominaré “la Buena” porque generalmente es una mujer, poco agraciada físicamente, pero de gran belleza interior, se enamora de su opuesto, una persona inalcanzable por su belleza o su posición social, pero sin muchas más cualidades: el arquetipo del Príncipe. Todos hemos visto una historia con una estructura similar, ya sea en cuentos, novelas, películas o telenovelas, y sabemos cómo termina: el Príncipe es finalmente conquistado por la Buena y la belleza interior triunfa. ¿Pero es un triunfo realmente? ¿Qué ve la Buena en el Príncipe que la hace enamorarse de él? ¡Simplemente belleza física! El doble estándar llevado a su máxima expresión. Hipocresía total, y más aún cuando vemos que generalmente la Buena se transforma cual patito feo en cisne al final de la historia.
Espero que quede claro que no estoy promoviendo el favorecer la belleza física sobre la interior, y ciertamente tampoco lo contrario, sino sólo la libertad de escoger pareja en la forma que nos plazca, sin tener que disfrazarlo, justificarnos o sentirnos superficiales. No juzguemos ni dejemos que nos juzguen.