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Hacer Nada También es Actuar
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Este verano me tocó ser testigo de un hecho que me impresionó profundamente y me hizo reflexionar. Mientras volvía de Caburgua, un pequeño pueblo que es un popular destino en las vacaciones y queda a unas 2 horas de mi ciudad natal, vi un caballo tendido al borde de la carretera: estaba con las patas quebradas, y las tripas se escapaban por su vientre abierto: él y su jinete habían sido atropellados por un vehículo. Quizás lo más impactante fue ver la resignación que parecía demostrar el animal, como sabiendo que todo terminaba ahí. No vi el cuerpo jinete, pero adiviné su posición por un grupo de gente reunida en círculo a un par de metros del caballo.
Conversando después del asunto con conocidos que pasaron por la carretera poco antes del accidente, me enteré que el jinete iba borracho, atravesándose de tanto en tanto en el camino hasta que finalmente sucedió el fatal accidente. Lo primero que pensé fue que si ellos o las otras personas que vieron lo que pasaba hubieran hecho algo por sacar al jinete del camino, todo se hubiera evitado. Al menos dos vidas se hubieran salvado, y quizás incluso las de las personas que iban en el vehículo con el que chocaron (nunca supe cuántas eran ni qué suerte corrieron).
Me fui pensando esa noche el resto del camino a casa, sintiendo una enorme tristeza por la forma en que ese ser inocente había sido arrastrado a la muerte por la irresponsabilidad de una persona y la indiferencia de tantas. Finalmente llegué a la conclusión de que hacer nada es simplemente otra forma de actuar y que tiene consecuencias. Somos tan responsables de lo que ocurre como de lo que dejamos que ocurra.
Hace poco tuve la oportunidad de poner esta idea en práctica. Era de noche y yo esperaba el bus (transporte interurbano en Chile) que me llevaría a la cuidad donde trabajo, cuando vi una camioneta que llegaba zigzagueando al local de comida rápida de la gasolinera ubicada junto al paradero. Del vehículo bajó un hombre joven en evidente estado de ebriedad.
Recordando lo sucedido con el caballo, pensé en llamar a Carabineros (la policía local). Manejar ebrio es un delito penado por la Ley en Chile, por lo que denunciar al hombre implicaba enviarlo a la cárcel. Me vi enfrentado de esta forma a un dilema: por un lado, era claro el riesgo de que el sujeto chocara o atropellara a alguien. Por otra parte, pensaba que quizás estaba exagerando la situación, y que podía estar truncando la vida de una persona detrás de la cual seguramente había una familia, personas que sufrirían.
A fin de cuentas y luego de pensarlo por varios minutos no llamé a Carabineros, pero influyó en buena medida el que no supiera cómo marcar el número desde mi celular. Si me viera en la misma situación en el futuro, creo que optaría por denunciar al conductor.
Al principio requiere un esfuerzo consciente poner en práctica las decisiones que tomamos con respecto a nuestra forma de actuar, pero con el tiempo se transforman en parte de nuestra personalidad y la moldean. Sin embargo, tampoco es bueno actuar ciegamente puesto que cada situación es distinta y requiere discernimiento. Reflexionar y mantener la mente despierta y abierta cada día nos ayuda a corregir nuestros errores y hacer menos daño. Nos ayuda a aprender, en definitiva.
