Archive for the ‘Textos’ Category

Jan
20

Yo un día

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Yo un día quise ser la desembocadura de las almas
El vórtice adormecido de sus lamentos
Pero me transformé en duna sinuosa, reseca
En el verdugo silencioso de las tormentas

Yo un día quise provocar a los demonios
Contornearme frente a su furioso dentellear
Regodearme en su angelical pestilencia
Intercambiar mis cruces por sus sotanas

Yo un día me exilié del Cielo y del Infierno
Porque en mis abismos tengo camino de sobra
Un laberinto interminable de tormentos y de ensueños
Un Norte que me elude a sabiendas

A sabiendas de que yo un día
Yo un día desafié a la Culpa misma
Irreverente ante su insoslayable veredicto
La sentencié a ser mi compañera peregrina

Hoy día yo me desvanezco en los amaneceres
En el angustioso deambular
En los cotidianos rituales
En la contemplación incrédula de lo que fue mi vida

Jan
18

Mi inocencia muerta

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Hoy mi inocencia cuelga inerte
La soga del dintel al cuello
Las heces derramando náusea
Yo con mi vómito más denso
Venero su hedor a carroña

Mi inocencia agonizó por décadas
Herida de muerte
Al final no sucumbió a la bala ni al cañón
Sino ante un pétalo de rosa

Y yo que un día
La albergué en mi pecho
Para protegerla de la rabia de los perros
De su descarnado alarido
De su humana embestida

Pero es que mi piel es tenue
Y fui pobre refugio
Permeable a la violencia, al encono
A los pétalos de rosa

Hoy ha muerto mi inocencia
Que arda en amargura la memoria
Poco me importa
Sólo quítenme del paso
Se los ruego

Jan
18

Ocaso de la ternura

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Yo sé que te arranqué el alma a mordiscos
Y me deleité en tu estrepitosa agonía
Que en la avenida de tu vida fui la piedra
De los versos venenosos y sin rima

Es verdad
Es verdad que te quiero y te aborrezco
Porque me reflejo en tu pecado
Porque ni tú fuiste pura ni yo inmaculado
Porque me repugna que seamos mundanos

Yo te digo, no es ternura
Mancharle las sábanas
No es ternura tus piernas rodeándolo
No es ternura tu cuerpo a domicilio
No es ternura un te amo de tus labios

Muchas veces intenté sorber el amor de tu sexo
Sin falsas elegancias ni rituales
Pero no logré embriagarme
Será que ya estabas seca hasta las entrañas

Ojalá cada nuevo amanecer fuera de verdad nuevo
Ojalá las decepciones no fueran a prueba de tiempo
Ojalá no fueras mi damisela de las piernas abiertas
Ni yo tu caballero del corazón yermo

Jan
14

Nada más triste

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Nada más triste que despertar cada mañana
Y ver los sueños reventar como burbujas
Tenues y frágiles ya

Nada más triste que imaginarme en tu regazo
Aferrado inerte a un cuerpo ajeno
Mundano el beso ya

Nada más triste que encontrarme en un reflejo
El rostro herido por los fracasos
La vida en retirada ya

Nada más triste que esta nostalgia de ensueños
Este vacío que nada colma
El dolor encarnado ya

Nada más triste que lamentar lo irreversible
Marchitarse en un imperceptible sollozo
El pasado sellado ya

Nada más triste que despertar

Jun
18

La Vida en Siete Palabras

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Todos con todos y todos contra todos…

Jun
18

Encuentro Casual

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Por esas casualidades de la vida, ayer me topé en la calle conmigo de niño. La piel y el alma tersas, sin huellas, el semblante siempre triste, pero la esperanza aún intacta. Cuando nuestras miradas se encontraron sentí el dolor punzante de notar la decepción en sus ojos. Supe las preguntas que me haría y, presa del pánico, cruce a la vereda del frente y me alejé corriendo, sin voltear nunca hacia atrás. No tenía el valor de responderle con la verdad.

Jun
14

Déjame

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Déjame extrañarte, amor mío
Quiero sentir por un momento el vértigo de saberte ajena
El temor de que me falten tus manos
O tu sonrisa en la mañana

Déjame pretenderte desconocida
Que la vida me lleva hacia ti en su caudal de coincidencias
Por el inextricable sendero del destino
Por la sombra de lo improbable

Déjame perderte de vista
Acercarme al filo del olvido para volver a ti presa del pánico
A beber del manantial de tus secretos
A descansar en tu cálido seno

Déjame recordar nuevamente
Que no somos una casualidad, sino una hermosa causalidad
Un instante que desafía al Infinito mismo
Prometeos, hurtándole al Amor su llama

Eres la playa que ansía mi alma náufraga
El refugio seguro contra mis tormentos,  mis tormentas
Las alas de mi corazón errante
Déjame ir, amor mío, pero nunca me sueltes

Jan
28

Con todo y tu recuerdo

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Tus labios en fuga son míos y sólo míos, a tu pesar
Pues nadie podrá besarlos con tanto amor
Con tanta devoción

Yo fui quien desnudó tu ternura, pétalo a pétalo
El que cultivó en tu piel el deseo
Y lo dejó intacto

Juntos conquistamos las calles, las esquinas
Las pavimentamos, yo con mi risa
Tú con tus lágrimas

Me regalaste, incauta, tu irresistible ingenuidad
Y yo la bebí hasta la última gota
Sediento como ninguno

A tu lado fui niño de nuevo, y a veces no tan niño
Me perdí en tus contornos
Extasiado en tu inocencia

¿Qué te llevas tú? Mi ilusión primera tal vez
Mi arrullo noctámbulo
Mi solemne reverencia

Ahora eres un destello a la distancia, y así debe ser
Pero me quedo con todo
Con todo y tu recuerdo

Jan
26

Adiós

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El día en que te marchaste el cielo se tiñó de sombras
Las nubes se volvieron un poco más grises
Y de tanta tristeza no pude ni llorar

El día en que te dejé partir sentí un vacío más profundo
Se empañó de dolor mi ventana al mundo
Y el aire se me antojó amargo y frío

Tan parte de mí te sentía
Que ya me parecías otro brazo
Un costado del torso quizás
Y me olvidé de mirarte, de olerte, de tocarte
De atraparte en un último recuerdo
Para contemplarlo cuando no estuvieras

De estar acariciando tu rostro, respirando tu aliento
Pasé a vagar por tierras que ahora me son extrañas
Donde todos los caminos me alejan de ti inevitablemente
Y en cada paso se me va el alma
¿Qué hago ahora que te perdí sin remedio?
¿Cómo sigo andando si no me llevas de la mano?

El día en que te dejé partir la vida se calló por un minuto
Me dejó a solas, encadenado a tu ausencia
A la deriva con tu anhelo a cuestas

El día en que te marchaste había tanto que decir amor mío
Y de estos malditos labios no brotó otra palabra
Más que un pálido y frío adiós

Aug
19

Desde el brillo de tus ojos a los confines del Universo

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El primer día que la vio intuyó que la amaría. Surgió como una idea muy tenue, vaga, a la que no prestó atención, pero que poco a poco fue cobrando fuerza, transformándose en un descubrimiento, una aceptación respetuosa, un fervor casi religioso.

Primero amó sus ojos almendrados, grandes y profundos, la sutil delicadeza femenina con que estaban maquillados, los pequeños brillos de la luz reflejada en ellos, y luego una por una la sucesión de miradas que desfilaban por su rostro día tras día, momento a momento: la ojerosa por el sueño, la de alegría y ojos entrecerrados por la risa, la cabizbaja, delatora de una melancolía escondida, e incluso las que sólo imaginaba.

Pronto el foco de su amor se fue extendiendo, abarcando los párpados y las dos suaves arrugas bajo ellos, la nariz decorada por pálidos lunares que corrían traviesamente hacia las mejillas y la frente, los delgados labios rosados, el pulcro delineo de las cejas, el rostro y el mentón. Todo asombrosamente dispuesto de la única manera posible, pues de cualquier otra ya no hubiese sido ella.

Como en un lento despertar, su corazón se abría a nuevas facetas y dimensiones de su amada: la forma en que sus manos de estatua griega tomaban con el mismo garbo la cartera, los pinceles o un libro, cada uno de sus peinados y su cabello desordenado, el collar que nunca se quitaba y las sombras y matices dibujados por la luz en cada contorno de su cuerpo.

Descubrió que era imposible otorgarle bordes definidos: la piel continuaba a través de rayos de luz hasta el sol o una bombilla eléctrica, de la boca partía una inextricable red de sonidos que atrapaba todos los objetos a su alrededor, las manos eran un puente tendido más allá del presente, atravesando la taza de té que había tomado en la mañana y la revista que hojearía por la noche.

Un incipiente sentido de orden y significado fue tomando forma dentro de él, transformando el azar y el caos en causa, intención. Ella y el Universo eran inseparables, sin ningún límite real de tiempo o espacio, envolviendo y conteniéndolo como un gran útero. Ya no necesitó abrazarla ni tomar sus manos para sentirla cerca, bastaba con acariciar un árbol o sentir la brisa en su rostro.

Si en algún momento la amó por la forma en que tocaba el piano o su gusto por los libros, ahora lo hacía por ser la melodía más hermosa, el libro más profundo. Sin pretenderlo, había llegado a amarla completamente, con total pureza y entrega, sin miedos ni cuestionamientos. Y cómo no hacerlo, si era el punto de partida y la puerta de entrada a todo el Universo.