Aug
29

Una historia mortal

Posted under Cuentos, Textos

(Para una lectura más fácil sugiero descargar el cuento en formato Word)

Y bueno, la historia comienza cuando un personaje con la misma estatura, contextura y rasgos que usted, mi querido lector, que además por esos azares de la vida o de la literatura si se quiere lleva exactamente su mismo nombre, comienza a leer un relato corto que acaba de encontrar, escrito por un autor que resulta llamarse igual que quien escribe. Nuestro personaje, que en este momento está sentado, se rasca la cabeza al enterarse de esta notable coincidencia y se pregunta cuáles son las probabilidades de que algo así suceda, pero lo olvida rápidamente al sentir un ruido en la otra habitación. Escucha con atención. Afuera hay un sol radiante, se siente la agitación en las calles y las bocinas de los autos terminan distrayéndole. Luego de unos segundos sacude la cabeza, se dice que no fue nada y retoma la lectura. Se lleva una no muy grata sorpresa al ver la similitud entre lo ocurrido y lo que lee: poco a poco crece en su interior una especie de sospecha, un sensación de déjà vu que se transforma en certeza de lo que va a acontecer. Mientras tanto, en la habitación contigua un asesino a sueldo recrimina con gestos a su compañero por haber golpeado accidentalmente una lámpara, poniendo en riesgo la delicada operación que están llevando a cabo. Se toman algunos minutos para que la víctima, en caso de haber oído el ruido, se calme y vuelva a su lectura, luego de lo cual se dirigen silenciosamente a su encuentro con cuchillo en mano e instrucciones precisas de matarle a como dé lugar. Las cosas no van como estaban planeadas, sin embargo: nuestro personaje ya no se encuentra en el departamento. Una leve brisa proveniente de la puerta abierta les da a entender que acaba de escapárseles, y aunque corren en su búsqueda es demasiado tarde porque acaba de subirse a un taxi que apareció convenientemente en el momento en que salía a toda prisa del edificio. Nuestro personaje ha comprendido, o recordado para ser más precisos, que ésta era la hora de su muerte, y a pesar de que ha huido sabe que sólo estará a salvo por un par de horas, o quizás minutos, porque está en las manos crueles de un escritor que intenta matarlo en un relato. Hay esperanza, de todas maneras, pues el escritor ha cometido un error gravísimo: le reveló su nombre al principio de la historia, así que ahora la cosa se trata de encontrarlo y matarlo a él primero. Se baja frente a un cibercafé con un plan en mente. En un derroche sin precedente de buenos reflejos logra esquivar un macetero que cae repentinamente desde un octavo piso y se revienta violentamente contra el suelo. La adrenalina le invade, tiene menos tiempo de lo que pensaba y debe actuar rápido. Entra en el cibercafé a buscar en Internet la dirección del escritor, pero le toma más tiempo de lo esperado, pues a pesar de tener un nombre poco común es bastante mediocre y sólo lo conocen sus amigos. ¡Facebook al rescate! Fue lo suficientemente estúpido para publicar su dirección personal en su perfil. Sale a la calle, esta vez debe arrojarse sobre un pobre peatón para evitar un auto que en ese momento se sale de la pista y choca a cuarenta kilómetros por hora contra la entrada del cibercafé, destrozando a cuatro inocentes clientes que se encontraban bajando pornografía distraídamente. En medio de la conmoción nuestro atemorizado personaje cruza la calle, toma otro taxi y pide que lo lleven a Don Carlos 2898. No tiene claro cómo va a entrar al edificio, y más importante, de cómo va a matar al escritor, pero ya se le ocurrirá algo. De repente se acuerda que esto es un relato, mete la mano en el bolsillo y se encuentra con una pequeña pistola cargada: ¡justo lo que necesitaba! El trayecto se ve continuamente interrumpido porque todos los semáforos que se topan están en rojo, una situación muy extraña según el taxista  que se disculpa y jura repetidas veces que normalmente el tránsito en esa avenida es muy expedito (¡maldito escritor!), pero a pesar las demoras llegan al edificio en menos de treinta minutos. Le paga un veinte por ciento más al conductor, que se muestra muy agradecido, y se dirige a la recepción, esquivando sin prestarles demasiada atención los dos objetos contundentes que acabo de arrojar desde mi ventana. Tiene la espalda empapada en sudor producto de la carrera, la ansiedad y el sol abrasador. Se seca la frente, también empapada, con miedo de que genere sospechas en el conserje, pero ante su sorpresa éste no sólo no le pregunta nada, sino que le saluda con una amable sonrisa y presiona el botón del ascensor. La suerte hay que aprovecharla, no cuestionarla (aunque en este caso no hubiese sido mala idea), así que se mete de inmediato al ascensor cuando éste abre sus puertas, aferrando firmemente la pistola dentro del bolsillo. Después de catorce segundos llega al piso diez, está cada vez más cerca de su objetivo. El departamento 105 se encuentra frente a él, el 106 a la derecha, así que toma el pasillo de la izquierda y llega al 101, cuya puerta está entreabierta. “Qué poco original, podría haber pensado en alguna forma ingeniosa para que yo la abriera” se dice a sí mismo, y debo reconocer que tiene razón, pero se hace lo que se puede. Está a punto de empujar la puerta para entrar, pero no sabe si hacerlo con sigilo o con rapidez para no perder el factor sorpresa. Por un momento piensa que puede ser una emboscada, pero desecha la idea: la trampa era en su propio departamento, no en éste. Mira hacia todos lados, no hay nada que pueda caer o desprenderse para herirle. Empuja la puerta con suavidad y entra. La luz es tenue y proviene de una ampolleta que amenaza con quemarse, afuera ya es de noche. El escritor debe estar cansado o desconcentrado piensa, porque hace diez minutos había un sol radiante, o quizás es algún tipo de recurso para lograr un efecto más dramático. Todo esto nos lleva a este momento, en el que me encuentro en la curiosa situación de estar relatando cómo usted, mi querido lector y personaje, está a mis espaldas con arma en mano y dispuesto a matarme mientras yo estoy sentado en la mesa de mi departamento escribiendo esta historia. Dada las circunstancias y si me disculpa la interrupción, me parece que de ahora en adelante tengo todo el derecho a dejar las formalidades y tutearle, digo, tutearte, si no te molesta, aunque si fuera así sé que tendrás el tino de callártelo. Pero bueno, no nos distraigamos y volvamos a lo nuestro: estás a mis espaldas, con pistola en mano, sin decidirte a disparar porque temes que yo sepa todo. Piensas que fue muy estúpido no haber traído una copia del texto para saber qué es lo que escribí que va a pasar, aunque probablemente todo eso quedó invalidado en el momento en que huiste de tu departamento y te salvaste de morir como estaba escrito, o quizás todo esto siempre fue parte del relato (¡recuerda esa misteriosa pistola en tu bolsillo!) y no haces más que vivirlo palabra por palabra. Al final te decides a disparar, después de todo mientras más te demores más tiempo me das para inventar algo. El disparo retumba en las paredes de mi pequeño departamento, pero la aislación es buena y sólo se escucha en el pasillo, vacío en este momento. La sangre comienza a brotar a borbotones, el escritor se convulsiona por algunos segundos, es decir, yo me convulsiono por algunos segundos con la cabeza sobre el laptop donde decidía tu destino, hasta que finalmente perezco. Otro error: afuera hay un sol radiante otra vez, pero nadie excepto tú reprocharía a un escritor agonizante por un detalle tan irrelevante. Cuelgas el teléfono porque te molesta el zumbido, bajo el auricular encuentras una tarjeta de una línea de taxis. “¿Para qué llamaría a un taxi?” te preguntas con desconcierto. La curiosidad te pica al ver el laptop, guardas la pistola en tu bolsillo y mueves mi cabeza para sacarlo. La pantalla está salpicada de sangre, así que vas a la cocina a limpiarla con un paño, luego te sientas a leer el final que yo quería para la historia, sintiendo mucha satisfacción por haberme doblado la mano. Otro dèjà vu (tú en el departamento, ese sol intenso afuera, el relato que acabas de encontrar) da paso a la anagnórisis: el escritor, o sea yo, viendo que las cosas ya estaban fuera de control y que la muerte era inevitable, decidió que al menos se vengaría obligándote a vivir infinitamente ese ciclo de angustia e incertidumbre. Y tienes toda la razón, ésta es mi venganza. El pánico te invade hasta que tus ojos se topan con el relato y empiezan a leer involuntariamente. Y bueno, la historia comienza cuando una persona con la misma estatura, contextura y rasgos que usted, mi querido lector, que además por esos azares de la vida o de la literatura si se quiere lleva exactamente su mismo nombre, comienza a leer un relato corto que acaba de encontrar…

Apr
01

La bondad de la vejez

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La bondad de la vejez III, originally uploaded by julian.hidalgo.

Tomada en Doñihue. Esta linda viejita perdió su casa en el terremoto y se fue con su marido a vivir donde su hija. Ahora están construyendo una casa nueva junto a la de ella en su terreno. Eso es una familia unida :)

Feb
08

Azotea II

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Azotea II, originally uploaded by julian.hidalgo.

Feb
07

Rumbo a la nostalgia

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Rumbo a la nostalgia, originally uploaded by julian.hidalgo.

Jan
20

Yo un día

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Yo un día quise ser la desembocadura de las almas
El vórtice adormecido de sus lamentos
Pero me transformé en duna sinuosa, reseca
En el verdugo silencioso de las tormentas

Yo un día quise provocar a los demonios
Contornearme frente a su furioso dentellear
Regodearme en su angelical pestilencia
Intercambiar mis cruces por sus sotanas

Yo un día me exilié del Cielo y del Infierno
Porque en mis abismos tengo camino de sobra
Un laberinto interminable de tormentos y de ensueños
Un Norte que me elude a sabiendas

A sabiendas de que yo un día
Yo un día desafié a la Culpa misma
Irreverente ante su insoslayable veredicto
La sentencié a ser mi compañera peregrina

Hoy día yo me desvanezco en los amaneceres
En el angustioso deambular
En los cotidianos rituales
En la contemplación incrédula de lo que fue mi vida

Jan
18

Mi inocencia muerta

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Hoy mi inocencia cuelga inerte
La soga del dintel al cuello
Las heces derramando náusea
Yo con mi vómito más denso
Venero su hedor a carroña

Mi inocencia agonizó por décadas
Herida de muerte
Al final no sucumbió a la bala ni al cañón
Sino ante un pétalo de rosa

Y yo que un día
La albergué en mi pecho
Para protegerla de la rabia de los perros
De su descarnado alarido
De su humana embestida

Pero es que mi piel es tenue
Y fui pobre refugio
Permeable a la violencia, al encono
A los pétalos de rosa

Hoy ha muerto mi inocencia
Que arda en amargura la memoria
Poco me importa
Sólo quítenme del paso
Se los ruego

Jan
18

Ocaso de la ternura

Posted under Textos

Yo sé que te arranqué el alma a mordiscos
Y me deleité en tu estrepitosa agonía
Que en la avenida de tu vida fui la piedra
De los versos venenosos y sin rima

Es verdad
Es verdad que te quiero y te aborrezco
Porque me reflejo en tu pecado
Porque ni tú fuiste pura ni yo inmaculado
Porque me repugna que seamos mundanos

Yo te digo, no es ternura
Mancharle las sábanas
No es ternura tus piernas rodeándolo
No es ternura tu cuerpo a domicilio
No es ternura un te amo de tus labios

Muchas veces intenté sorber el amor de tu sexo
Sin falsas elegancias ni rituales
Pero no logré embriagarme
Será que ya estabas seca hasta las entrañas

Ojalá cada nuevo amanecer fuera de verdad nuevo
Ojalá las decepciones no fueran a prueba de tiempo
Ojalá no fueras mi damisela de las piernas abiertas
Ni yo tu caballero del corazón yermo

Jan
14

Nada más triste

Posted under Textos

Nada más triste que despertar cada mañana
Y ver los sueños reventar como burbujas
Tenues y frágiles ya

Nada más triste que imaginarme en tu regazo
Aferrado inerte a un cuerpo ajeno
Mundano el beso ya

Nada más triste que encontrarme en un reflejo
El rostro herido por los fracasos
La vida en retirada ya

Nada más triste que esta nostalgia de ensueños
Este vacío que nada colma
El dolor encarnado ya

Nada más triste que lamentar lo irreversible
Marchitarse en un imperceptible sollozo
El pasado sellado ya

Nada más triste que despertar

Aug
09

Viaje a India Parte III – El Vidhana Soudha y los Edificios Estatales

Posted under Bangalore, India, Viajes

Luego de visitar el Shiv Mandir, nos adentramos un poco en el centro de la ciudad para llegar a nuestro siguiente destino: los edificios administrativos del estado de Karnataka. El más imponente y bonito de ellos es el Vidhana Soudha, edificio que alberga a la asamblea legislativa y que lamentablemente no está abierto al público, por lo que sólo pudimos tomar fotografías de la parte externa (era bastante difícil obtener un buen ángulo porque es muy extenso). Una cosa curiosa de este edificio es el lema en su fachada que reza “Government work is God’s work” (“El trabajo de gobierno es el trabajo de Dios”).

DSC_0512El cambio de paisaje hacía notar que nos encontrábamos en una parte más céntrica de la ciudad

DSC_0515 El tráfico no mejoraba…

DSC_0525 Parte de la fachada del Vidhana Soudha

DSC_0525_2 “Government Work is God’s Work”

DSC_0556 Otro águlo

Junto al Vidhana Soudha se encontraban otros dos edificios muy llamativos: el Vikasa Soudha, mucho más pequeño que los otros y que alberga a los ministerios estatales, y al frente, cruzando la calle, el edificio de la Corte Suprema de Karnataka.

DSC_0562 El Vikasa Soudha

DSC_0541 La Corte Suprema de Karnataka

En las entradas tanto de la Corte Suprema como el Vidhana Soudha se congregaban muchos vendedores y visitantes. Aquí empezamos a ver otra cosa que se haría constante durante nuestra estadía en Bangalore: la gente nos saludaba con una sonrisa muy alegre y algunos nos pedían que les tomáramos fotos.

Frente a la Corte Suprema comenzamos a hablar con un hombre que nos presentó nuestro conductor. Primero nos hizo las preguntas típicas (de dónde éramos, qué hacíamos en Bangalore, etc.), en un inglés bastante fluido, y luego comenzó a preguntarnos si estábamos interesados en comprar alfombras o artesanías. A mi me pareció bastante agradable, pero a Rodrigo no le gustó y cortó la conversación. Después de alejarnos un poco me explicó que lo había encontrado peligroso, y según él nos había ofrecido “young ladies”, aunque yo no me di cuenta (probablemente me distraje mientras le tomaba una foto a unas personas que me lo pidieron cuando conversaba).

DSC_0534Frente a ambos edificios habían bastantes vendedores y visitantes

DSC_0551 Este viejito dormía plácidamente frente al Vidhana Sautha

DSC_0569 No queríamos ni imaginar como conduce está gente cuando han tomado…

Las fotos dan otra impresión, pero hacía bastante calor. Por suerte en el “ato” nos refrescaba el viento, y como no teníamos que recorrer a pie grandes distancias nos acalorábamos menos.

Bueno eso es todo por ahora. En el siguiente post voy a hablar de nuestro siguiente destino, una visita al mercado, una de las cosas más llamativas para mí de este paseo.

Aug
09

Viaje a India Parte II – El Templo de Shiva

Posted under Bangalore, India, Viajes

Ya han pasado varios días desde mi último post, de hecho ya me encuentro de vuelta en Chile, pero pretendo seguir con esta serie sobre India aprovechando que los recuerdo aún están frescos en mi mente.

Domingo 19 de Abril

Rodrigo y yo quedamos de levantarnos alrededor de las 9AM para tomar desayuno y salir a recorrer. Yo me acosté bastante tarde, o bastante temprano si se quiere, pasado las 6AM, cuando ya estaba amaneciendo, Pese a las pocas horas de sueño no tuve ningún problema para despertar, no sé si por las ganas de salir a conocer o por el famoso jet lag.

El desayuno fue bastante bueno, estilo buffet con muchas opciones para escoger, algunas familiares y otras desconocidas, y nuevamente nos vimos gratamente sorprendidos por la extrema amabilidad de la gente. El café del sur de India con leche fue un verdadero descubrimiento, y se transformó en uno de nuestros sabores predilectos de las mañanas. Luego de comer nos dirigimos a la recepción para preguntar por algún mall que estuviera cerca (lo que en realidad no era lo más interesante que podíamos visitar, pero bueno). Aparentemente era sólo cosa de salir a la calle frente al hotel y tomarla hacia la izquierda.

Al salir vi que 3 extranjeros, que reconocí como huéspedes de nuestro hotel, hacían parar a un pequeño vehículo de sólo 3 ruedas, pintado de negro y amarillo, un “auto rickshaw” o “auto”, palabra que la gente a la que le preguntamos pronunciaba como “ato”. Luego de conversar un poco con el chofer los hombres se subieron y partieron con rumbo desconocido para nosotros.

DSC_0269 La calle frente al hotel

Auto rickshaw o "ato" para nosotros El “ato” que tomaron los extranjeros

Nuestra idea original era recorrer a pie, pero decidimos imitar a nuestros compañeros de hotel, así que detuvimos al siguiente “ato”  que pasó y le indicamos como pudimos (pues el conductor no hablaba mucho inglés) que queríamos ir a un mall. La verdad es que el vehículo era bastante inseguro: además de lo endeble que se veía de cuerpo, no tenía puerta por el lado izquierdo y sólo dos fierros al lado derecho. Parecía que en cualquier momento se podía volcar o íbamos a salir despedidos hacia afuera, y para rematar no estaba en las mejores condiciones, hasta le faltaba el espejo retrovisor del lado del conductor.

DSC_0273 Nuestra perspectiva desde atrás

DSC_0287 Nota “legal”

DSC_0288Detalle del taxímetro

DSC_0280 Detalle del techo

Nuestra segunda experiencia en el tráfico de la ciudad fue aún más intimidante que la primera. En vez de señalizar con luces, los conductores sacaban una mano por el lado hacia el que pretendían girar (aunque algunas veces ni esa molestia se tomaban), había giros en U en cualquier parte, detenciones repentinas en el camino y vehículos que se cruzaban de improviso o que venían en sentido contrario. Básicamente no se respetaba prácticamente ninguna norma de tránsito, seguridad o sentido común. Nuestra teoría era que el “sistema” funcionaba en parte porque la cantidad de vehículos impide ir muy rápido y en parte porque los conductores están preparados para cualquier cosa, por lo que reaccionan de forma apropiada.

A los lados del camino vimos algunas de rasgos de la ciudad que se transformarían en algo cotidiano en los siguientes días: las famosas vacas comiendo y desplazándose libremente por todos lados, una multitud de pequeños negocios, los templos, la gente viviendo literalmente en la calle en unas especies de carpas, las mujeres con sus vestidos de llamativos colores, la pobreza y el contraste social. Nos llamó mucho la atención que familias completas se desplazaran en una sola motocicleta.

DSC_0295 Nótese la clínica a la izquierda (“Shiva Ganga Clinic”)

DSC_0297 Al fondo un restaurante vegetariano, muy comunes en India

DSC_0347 Una familia de cinco personas en una moto

DSC_0384 Uno de los muchos vendedores de jugo de coco

DSC_0392 Las infaltables vacas

Al ver que el trayecto se alargaba sin que divisáramos el famoso mall, además de alegrarnos por no andar a pie decidimos negociar con el conductor un pequeño tour por la ciudad. Nos pidió 500 rupias (unos 6000 pesos chilenos o poco más de 10 dólares) por un recorrido de 2 horas, lo que nos pareció más que razonable y cerramos el trato.

Entramos a un estacionamiento bastante maloliente donde dejamos el “ato” para dirigirnos a nuestro primer destino, un templo hindú llamado Shiv Mandir. Si yo pensaba que los católicos mezclan la religión y el dinero más de lo conveniente, este templo resultó ser casi una feria (sin ánimo de ofender obviamente). Se cobraba básicamente por todo y en forma separada: por entrar, por sacar fotos, por grabar videos, por las ofrendas, por dejar los zapatos en custodia, etc. De hecho al principio pensé que habíamos entrado a una especie de feria artesanal. “You are blessed… you have arrived at the door step of Shiva!!” rezaba un pequeño cartel en la entrada.

DSC_0410 La entrada del templo

DSC_0413 “Fotos originales de Shiv Mandir”

DSC_0414 Música religiosa en venta a la entrada del templo

Me di cuenta de que en realidad estábamos en un templo cuando llegó el momento de sacarnos los zapatos. Rodrigo y yo nos reíamos pensando en lo poco salubre que debía ser caminar descalzos en ese lugar, y ya nos imaginábamos con una tremenda infección o algún hongo en los pies, pero lo importante era conocer, así que no nos quedó más remedio que hacerlo.

DSC_0421 Arriba a la izquierda la custodia de calzado, a la derecha la venta de ofrendas

Uno de los rituales consistía en un “circuito” formado por 108 recipientes metálicos, uno por cada nombre de Shiva, donde el devoto depositaba una moneda después de recitar el nombre correspondiente. Las monedas se podían comprar ahí mismo (obviamente) por tan sólo 200 rupias. Ya que no sabíamos pronunciar los nombres (convenientemente impresos en un folleto) Rodrigo y yo sólo recitábamos una frase o palabra que nos había enseñado el conductor (que resultó ser Católico).  Yo al parecer me distraje porque me sobraron bastantes monedas (espero que Shiva no se haya molestado). Me imaginé que no estaba permitido quedármelas, así que simplemente las puse todas en el último recipiente.

DSC_0420 El “circuito” de los 108 nombres de Shiva

DSC_0429 Las monedas y el folleto con los 108 nombres de Shiva, todo por 200 rupias

Luego de completar el circuito pasamos a una parte más interna del templo, donde varias personas oraban frente una gran estatua de Shiva, notoriamente moderna, pero bastante imponente y agradable estéticamente. Tomamos algunas fotos, y llegó el momento de entregar la ofrenda de vegetales que Rodrigo había comprado en la entrada. No me fijé bien en lo que hacían, pero creo que la molían o desmenuzaban y luego la entregaban de vuelta en la misma bolsa.

DSC_0431 La gente orando (al parecer) frente a la estatua de Shiva

DSC_0442 Aquí se entregaba la ofrenda

DSC_0473 La estatua de Shiva en todo su esplendor

Una vez entregada la ofrenda ingresamos a un nuevo circuito, una especie de pasillo muy estrecho que rodeaba la estatua de Shiva por debajo, donde vimos lo más extraño de todo el templo. Al costado habían varios objetos de lo más variopintos, puestos en vitrinas la mayoría, y que no tenían significado alguno para nosotros, pero que los fieles parecían comprender y respetar. Varios de los objetos eran “animados”, y sus movimientos estaban acompañados por juegos de luces.  Dos de las figuras eran antropomorfas (asumí que representaban dioses), y me pareció que la animación pretendía inspirar miedo (luces rojas y sonidos graves), pero la verdad es que provocaban más risa que otra cosa.

DSC_0449 Rodrigo entrando al estrecho pasillo del nuevo “circuito”

DSC_0452 Esta figura emitía unos sonidos y se encendía una luz roja (el efecto se perdió porque usé flash)

DSC_0453 El objeto blanco es un trozo de hielo que la gente tocaba

DSC_0457 Este objeto se abría y cerraba periódicamente

Terminado el circuito sacamos algunas fotos más y decidimos marcharnos. Retiramos nuestros zapatos en la custodia y nos encontramos con más puestos de venta, donde Rodrigo compró una figura de Ganesha.

A pesar del aspecto comercial del templo, me quedé con la impresión de que la gente que acudía a él lo hacía con bastante fe y devoción, y que no era muy distinto a lo que vemos normalmente en las iglesias en Chile: varían los rituales y los ídolos, pero en esencia es lo mismo (incluido lo comercial).

Muy satisfechos con la experiencia partimos rumbo a nuestro siguiente destino, pero eso ya queda para el siguiente post.

DSC_0481 Esperando los zapatos

DSC_0484La salida estaba repleta de puestos de venta de souvenirs

DSC_0487Uno de los puestos

DSC_0490 Esta escena justo afuera del templo me encantó por su colorido