Aug
05
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Textos Giro, giro, giro en una espiral caótica de pensamientos huérfanos y recuerdos vagos que emerge de este océano de incertidumbres. Estoy aquí nuevamente, como tantas veces, postrado frente a la magnitud ineludible del mundo, desarmado frente al devenir que se escribió a fuego alguna vez en el libro de mis probabilidades. Voy a la deriva y en un gesto desesperado estiro mi mano, atravieso tiempo y espacio para anclarme a tu regazo.
Casi puedo ver las notas de esta música estrellándose contra la pared como metralla, mientras me pregunto si el sonido de los planetas girando sería más intenso que el de mis latidos cuando esta boca besara esa boca, que ya casi no es tuya porque yo voy en camino a robártela. Recorro la palidez de tus labios con la punta de mi nariz ciega y los muerdo con sublime deleite para ver si te revientas como un globo, si eres sólo aire o carne viva palpitante.
El sueño me tiene celos y sabe que mi imaginación no le rinde pleitesía ni le hace el trabajo fácil, es por eso que viene a buscarme, a arrancarme de tus brazos de ámbar, pero yo me resisto, le hago una mueca y me aferro a esta espera como un náufrago al tronco porque presiento que quizás seamos los dos filos de una misma daga, hechos para cortar el mismo velo. ¿Por qué no caer el uno en el otro, si yo soy vacío y tú pareces ser abismo?
Jul
24
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Abuso Animal,
Circos,
Derechos Animales
La comuna de Santiago (la principal dentro de la ciudad de Santiago, capital de Chile) acaba de prohibir la instalación de circos que usen animales como parte de su espectáculo.
La noticia me tomó por sorpresa, pues a pesar de que participé en una protesta contra el uso de animales en los circos el verano pasado, soy un poco pesimista y creo que este tipo de acciones no tienen mucho efecto.
Si bien esta comuna es sólo una de las 26 que forman parte de Santiago, creo que es un gran paso y sólo puedo esperar que sea imitado por el resto de las comunas del país.
Espero que la gente de los circos no se vea afectada, comprendo que muchos de ellos nacieron rodeados de animales y que no vean nada malo en mantenerlos encerrados, pero es tiempo de que tomen conciencia y entiendan que también se puede hacer un buen espectáculo sin tener que recurrir a este abuso.
Más información sobre esta esperanzadora noticia en emol.com.
Jul
24
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Reflexiones,
Sociedad
Este verano me tocó ser testigo de un hecho que me impresionó profundamente y me hizo reflexionar. Mientras volvía de Caburgua, un pequeño pueblo que es un popular destino en las vacaciones y queda a unas 2 horas de mi ciudad natal, vi un caballo tendido al borde de la carretera: estaba con las patas quebradas, y las tripas se escapaban por su vientre abierto: él y su jinete habían sido atropellados por un vehículo. Quizás lo más impactante fue ver la resignación que parecía demostrar el animal, como sabiendo que todo terminaba ahí. No vi el cuerpo jinete, pero adiviné su posición por un grupo de gente reunida en círculo a un par de metros del caballo.
Conversando después del asunto con conocidos que pasaron por la carretera poco antes del accidente, me enteré que el jinete iba borracho, atravesándose de tanto en tanto en el camino hasta que finalmente sucedió el fatal accidente. Lo primero que pensé fue que si ellos o las otras personas que vieron lo que pasaba hubieran hecho algo por sacar al jinete del camino, todo se hubiera evitado. Al menos dos vidas se hubieran salvado, y quizás incluso las de las personas que iban en el vehículo con el que chocaron (nunca supe cuántas eran ni qué suerte corrieron).
Me fui pensando esa noche el resto del camino a casa, sintiendo una enorme tristeza por la forma en que ese ser inocente había sido arrastrado a la muerte por la irresponsabilidad de una persona y la indiferencia de tantas. Finalmente llegué a la conclusión de que hacer nada es simplemente otra forma de actuar y que tiene consecuencias. Somos tan responsables de lo que ocurre como de lo que dejamos que ocurra.
Hace poco tuve la oportunidad de poner esta idea en práctica. Era de noche y yo esperaba el bus (transporte interurbano en Chile) que me llevaría a la cuidad donde trabajo, cuando vi una camioneta que llegaba zigzagueando al local de comida rápida de la gasolinera ubicada junto al paradero. Del vehículo bajó un hombre joven en evidente estado de ebriedad.
Recordando lo sucedido con el caballo, pensé en llamar a Carabineros (la policía local). Manejar ebrio es un delito penado por la Ley en Chile, por lo que denunciar al hombre implicaba enviarlo a la cárcel. Me vi enfrentado de esta forma a un dilema: por un lado, era claro el riesgo de que el sujeto chocara o atropellara a alguien. Por otra parte, pensaba que quizás estaba exagerando la situación, y que podía estar truncando la vida de una persona detrás de la cual seguramente había una familia, personas que sufrirían.
A fin de cuentas y luego de pensarlo por varios minutos no llamé a Carabineros, pero influyó en buena medida el que no supiera cómo marcar el número desde mi celular. Si me viera en la misma situación en el futuro, creo que optaría por denunciar al conductor.
Al principio requiere un esfuerzo consciente poner en práctica las decisiones que tomamos con respecto a nuestra forma de actuar, pero con el tiempo se transforman en parte de nuestra personalidad y la moldean. Sin embargo, tampoco es bueno actuar ciegamente puesto que cada situación es distinta y requiere discernimiento. Reflexionar y mantener la mente despierta y abierta cada día nos ayuda a corregir nuestros errores y hacer menos daño. Nos ayuda a aprender, en definitiva.
Jul
08
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Reflexiones,
Sociedad
Hoy vi un reportaje en la televisión sobre las dos pandillas principales (no sé si las únicas) de Guatemala: la Mara Salvatrucha (también conocida como MS) y la Mara 18 (o MS-18). Ambas tuvieron su origen en Estados Unidos, pero se extendieron a casi toda Centroamérica cuando sus miembros fueron deportados a sus países de origen.
Algunas cosas que me llamaron la atención:
- Lo extremadamente violentos que pueden llegar a ser los miembros de estas pandillas. Mostraron una verdadera masacre que hubo dentro de una cárcel: había cuerpos decapitados en todas partes y el piso estaba resbaloso por la cantidad sangre regada.
- El odio irracional que profesan hacia la pandilla rival. Es como lo que sucede entre las barras bravas de los equipos de fútbol, pero llevado al extremo. También me recordó un poco a las tribus de Norteamérica por los numerosos tatuajes que suelen hacerse y la forma en que el respeto se gana matando enemigos.
- Los miembros afirman que "no se meten con Dios". En la práctica esto significa que la única forma de salir (vivo) de una de estas pandillas es hacerse evangélico. Es extraño este respeto, pues mucha de su simbología está basada en la adoración al Diablo.
- Ninguno de los pandilleros activos entrevistados se mostró arrepentido por los asesinatos cometidos. No sé si esta ausencia de culpa es real o si es algo que están obligados a manifestar, pues la autocensura dentro de cada pandilla es bastante fuerte.
- La fuerte represión: tan sólo tener un tatuaje o hacer un grafiti que se relacione con una pandilla son motivos suficientes para ser encarcelado en Guatemala.
- Los fiscales y los abogados deben portar armas todo el tiempo, para tener una sensación mínima de seguridad.
Una de las cosas que más me impresionó y que lamenté profundamente fue un arresto que se mostró, debido la actitud sumamente abusiva de la Policía, que golpeó violentamente e insultó a dos detenidos sin necesidad alguna (estaban indefensos arrodillados en el piso, con las esposas puestas). Aunque se trate de criminales peligrosísimos creo que el respeto a los Derechos Humanos no debe perderse nunca, así como la humildad de reconocer que lo único que nos separa de esas personas son las circunstancias bajo las cuales crecimos.
Este fenómeno es otro triste ejemplo de lo que sucede cuando se margina a las personas. La marginación es una forma de violencia, y la violencia sólo genera más violencia.
Jul
07
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Reflexiones Por años se nos ha tratado de inculcar que la belleza interior es la que realmente cuenta (a pesar de que los mensajes publicitarios transmiten el mensaje opuesto), estimulándonos a escoger nuestras parejas de acuerdo a este criterio. En mi opinión esto es en primer lugar arbitrario y en segundo lugar una hipocresía, por las razones que expongo a continuación.
De partida es necesario definir qué es la belleza interna: simplemente los aspectos positivos de algo que no son observables en forma física. En el caso de las personas, se asocia normalmente a cualidades como la inteligencia, la creatividad, la simpatía, la personalidad, la bondad, la generosidad, etc.
El argumento que se da a favor de utilizar la belleza interna para valorar a las potenciales parejas, aunque generalmente se toma como una especie de axioma que no necesita mayor justificación, es que este tipo de belleza es más permanente en el tiempo. La verdad es que muchas veces las cualidades que nombré anteriormente van menguando a medida que pasan los años: las facultades mentales se van perdiendo, la gente se hace más desconfiada, más egoísta, etc. Obviamente hay muchos casos en que esto no sucede, pero ya que no hay forma de predecir cómo será una persona en 5, 10 o 20 años más, se puede afirmar al menos que no existe ninguna garantía de que la belleza interna sea realmente menos perecedera.
A mi modo de ver, la elección de una pareja es una especie de operación comercial: una persona, dentro de los límites de su capacidad adquisitiva, determinada por las cualidades que posee y que son atractivas para los demás, va a escoger a la pareja que reúna la mayor cantidad de atributos que le resulten atractivos. La elección de atributos en sí es irrelevante, y esencialmente arbitraria: ¿Qué diferencia hay entre valorar a alguien por ser más o menos inteligente y valorarlo por ser más o menos bonito? En ambos casos se trata a esa persona como un producto que compramos en el supermercado, y ambas cualidades están en gran medida fuera de nuestro control.
Puede parecer frío, pero es lo que vemos todo el tiempo: normalmente buscamos parejas que satisfagan nuestras necesidades (compañía, seguridad, dinero incluso) y con la que compartamos afinidades (música, deporte, etc.). Es muy común que se deje a una pareja por otra persona que posea un mayor número de atributos valorados (más inteligencia, mayor atractivo físico, etc.).
Probablemente la forma de afecto o relación que más de distancie de este modelo de pareja-como-un-producto es el amor maternal: una madre va a querer a un hijo tanto si es un genio como un retrasado mental, un santo como un asesino en serie. Quizás el único atributo considerado es la condición de hijo en sí, pero sólo inicialmente: si una madre descubriese que su hijo no es tal (como por ejemplo en los casos en que se han cambiado recién nacidos por accidente), el amor no disminuye en absoluto. La adopción es un caso en el que ni siquiera la condición de ser hijo biológico es considerada. Pero mejor dejar este punto hasta aquí, no quiero desviarme del tema principal.
Como dije al principio, los mensajes publicitarios generalmente exaltan la belleza física con fines comerciales, pero al menos lo hacen en una forma consistente. La sociedad por el contrario es muy poco consecuente, y mientras por un lado pregona el valor de la belleza interna por otro lado nos impulsa a buscar justamente lo opuesto: ¿Cuántas veces hemos criticado a alguien por tener una pareja poco agraciada físicamente? ¿Cuántos de nosotros hemos descartado una relación con un "feo" o una "fea" por miedo al qué dirán?
Un ejemplo particularmente interesante es la típica historia en la que una persona (que nombraremos como la Buena, porque generalmente es una mujer) de aspecto poco agradable, pero gran belleza interna, se enamora de su opuesto, una persona inalcanzable por su belleza, pero sin muchas más cualidades que ésa: el arquetipo del Príncipe. Todos hemos sido testigos de una historia similar, ya sea en cuentos, novelas, películas o telenovelas, y sabemos cómo termina: el Príncipe es finalmente conquistado por la Buena y la belleza interior triunfa. ¿Pero es un triunfo realmente? ¿Qué ve la Buena en el Príncipe que la hace enamorarse de él? ¡Simplemente belleza física! El doble estándar llevado a su máxima expresión. Hipocresía total, y más aún cuando vemos que generalmente la Buena se transforma cual patito feo al final de la historia.
Espero que quede claro que no estoy promoviendo el favorecer la belleza física sobre la interior (y ciertamente tampoco lo contrario), sino sólo la libertad de escoger pareja en la forma que nos plazca, sin tener que disfrazarlo, justificarnos o sentirnos superficiales. No juzguemos ni dejemos que nos juzguen.
Jul
06
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Ecología Esta canción realmente me llega:
Me gustan especialmente las siguientes frases de la letra: "es tiempo de cuidarte, de abrazarte / porque tú eres parte / parte de mí". Espero que mucha gente la escuche y vea el video (lo dan en Discovery Channel, así que es muy probable que así sea) y se sienta inspirada a relacionarse de una forma más comprometida y afectuosa con nuestros hermanos (¡todos los seres vivos!) y nuestro planeta.
Para aquellos que estén interesados, pueden descargar la canción y hasta un ringtone en la sección de descargas de "Descubre el Verde", una "iniciativa regional que promueve un estilo de vida ecológicamente propicio". Si bien es parte de la promoción de un nuevo canal de televisión con la misma temática, me parece excelente todo lo que ayude a generar conciencia en la gente.
Suerte a todos
May
22
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Budismo,
Burning Monk En mi post anterior, el monje en llamas, dije que pensaba publicar una traducción completa de la carta que Thich Nhat Hanh envió a Martin Luther King en 1965, en la cual explica los motivos que hay detrás de la inmolación de varios monjes Budistas Vietnamitas de esa época, y donde lo insta a oponerse a la Guerra en Vietnam. He aquí tal traducción, hecha por mí a partir de la trascripción disponible en aavw.org.
La auto-cremación de los monjes budistas vietnamitas en 1963 es algo difícil de entender para la conciencia occidental cristiana. La Prensa habló entonces de suicidio, pero en esencia no lo es. Ni siquiera es una protesta. Lo que los monjes dijeron en las cartas que dejaron antes de quemarse apuntaba sólo a alarmar, a conmover los corazones de los opresores y a llamar la atención del mundo frente al sufrimiento soportado entonces por los vietnamitas. Quemarse a uno mismo es probar que lo que se está diciendo es de la mayor importancia. No hay nada más doloroso que arder. Decir algo mientras se experimenta este tipo de dolor es decirlo con el mayor coraje, franqueza, determinación y sinceridad. Durante la ceremonia de ordenamiento, en la forma practicada por la tradición Mahayana, el candidato a monje debe quemar uno o más puntos de su cuerpo mientras toma los votos de observar las 250 reglas de un bhikshu, vivir la vida de un monje, alcanzar la iluminación y dedicar su vida a la salvación de todos los seres. Uno puede, por supuesto, decir estas cosas mientras está sentado en un cómodo sillón, pero cuando estas palabras son pronunciadas mientras se está arrodillado ante la comunidad de sangha y experimentando este tipo de dolor, expresan toda la seriedad del corazón y la mente, y tienen un peso mucho mayor.
El monje vietnamita, al quemarse a sí mismo, dice con toda su fuerza y determinación que puede soportar los mayores sufrimientos para proteger a su gente. ¿Pero por qué tiene que quemarse hasta morir? La diferencia entre quemarse y quemarse hasta morir es sólo una diferencia de grado, no de naturaleza. Un hombre que se quema demasiado debe morir. Lo importante no es tomar la vida propia, sino arder. Lo que realmente busca es la expresión de su voluntad y determinación, no la muerte. En la creencia budista, la vida no está confinada a un período de 60, 80 o 100 años: la vida es eterna. La vida no está confinada a este cuerpo: la vida es universal. Expresar la voluntad quemándose a uno mismo, por lo tanto, no es cometer un acto de destrucción sino realizar un acto de construcción, es decir, sufrir y morir por el bien de los nuestros. Esto no es suicidio. El suicidio es un acto de autodestrucción, teniendo como causas las siguientes:
- Falta de coraje para vivir y sobrellevar las dificultades
- Derrota por la vida y pérdida de toda esperanza
- Deseo de no-existencia (abhava)
Esta autodestrucción es considerada por el Budismo como uno de los crímenes más serios. El monje se que quema no ha perdido su coraje o su esperanza, ni desea la no-existencia. Por el contrario, es muy valiente y optimista y aspira a algo bueno en el futuro. Él no cree que se esté destruyendo a sí mismo; él cree en la buena realización de su acto de autosacrificio por el bien de otros. Como Buda en una de sus vidas previas (como se relata en la historia de Jataka) que se entregó a un león hambriento que estaba a punto de devorar a sus propios cachorros, el monje cree que está practicando la doctrina de la más alta compasión al sacrificarse a sí mismo para llamar la atención y buscar la ayuda de la gente en el mundo.
Creo con todo mi corazón que los monjes que se quemaron no apuntaban a la muerte de los opresores, sino solamente a un cambio en su política. Sus enemigos no son hombres. Son la intolerancia, el fanatismo, la dictadura, la avaricia, el odio y la discriminación que yace en el corazón del Hombre. También creo con todo mi ser que la lucha por la igualdad y la libertad que usted lidera en Birmingham, Alabama, no apunta a los blancos sino sólo a la intolerancia, el odio y la discriminación. Esos son los verdaderos enemigos del Hombre, no el Hombre mismo. En nuestra desafortunada tierra natal estamos tratando de gritar desesperadamente: no maten al Hombre, ni siquiera en nombre del Hombre. Por favor maten a los enemigos reales del Hombre, que están presentes en todas partes, en nuestros propios corazones y mentes.
Ahora en la confrontación de los grandes poderes que ocurren en nuestro país, cientos y quizás miles de campesinos y niños vietnamitas pierden sus vidas cada día, y nuestra tierra es arrasada trágicamente y sin compasión por una guerra que ya lleva 20 años. Estoy seguro de que debido a que ha estado comprometido en una de las más duras luchas por la igualdad y los derechos humanos, usted está entre aquellos que entienden completamente, y que comparten con todo su corazón el sufrimiento indescriptible de la gente vietnamita. Los humanistas más grandes del mundo no permanecerían callados. Usted mismo no puede permanecer callado. Se dice que América tiene una fuerte base religiosa y los líderes espirituales no permitirían que las doctrinas políticas y económicas de América pierdan el elemento espiritual. Usted no puede estar callado debido a que ya ha estado en acción y usted está en acción porque, en usted, Dios está en acción también - usando una expresión de Karl Barth. Y Albert Schweitzer, con su énfasis en la reverencia por la vida y Paul Tillich con su valentía de ser, y además, amar. Y Nierbuhr. Y Mackay. Y Fletcher. Y Donald Harrington. Todos estos humanistas religiosos, y muchos más, no van a apoyar la existencia de una vergüenza como la que la humanidad tiene que soportar en Vietnam. Recientemente un joven monje budista llamado Thich Giac Thanh se quemó [el 20 de Abril de 1965, en Saigón] para llamar la atención del mundo hacia el sufrimiento soportado por los vietnamitas, el sufrimiento causado por esta guerra innecesaria - y usted sabe que la guerra nunca es necesaria. Otra joven Budista, una monja llamada Hue Thien estaba a punto de sacrificarse de la misma forma y con la misma intención, pero su voluntad no fue cumplida porque no tuvo tiempo de encender un fósforo antes que la gente la viera e interfiriera. Nadie aquí quiere la guerra. ¿Para qué es la guerra entonces? ¿Y de quiénes es la guerra?
Ayer en una clase, uno de mis estudiantes rezó: "Señor Buda, ayúdanos a estar atentos para darnos cuentas de que no somos víctimas de cada uno. Somos víctimas de nuestra propia ignorancia y la ignorancia de otros. Ayúdanos a evitar involucrarnos más en la matanza mutua por el deseo de otros de poder y predominancia". Al escribirle a usted, como un budista, profeso mi fe en el Amor, la Comunión y en los Humanistas del Mundo cuyos pensamientos y actitud deberían ser la guía para toda la humanidad en buscar quién es el verdadero enemigo del Hombre.
01 de Junio, 1965
Nhat Hahn
May
19
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Budismo,
Burning Monk,
Zen El 11 de Junio de 1963, 350 monjes y monjas Vietnamitas marchaban en protesta por la persecución del gobierno a la religión budista. Durante la marcha tres monjes bajaron de un sedan celeste que la precedía. Uno de ellos era Thích Quảng Đức, considerado por sus pares como un bodhisattva, que se sentó en la tradicional posición de loto sobre un cojín colocado en el suelo por uno de sus acompañantes. La gente formó un círculo a su alrededor mientras un bidón de gasolina era vertido sobre su cabeza, luego de lo cual Thích Quảng Đức tomó un fósforo, lo encendió y lo arrojó sobre sí mismo.
Los periodistas norteamericanos habían sido informados de que "algo importante" ocurriría ese día, pero sólo algunos fueron a cubrir la noticia. Entre ellos estaba David Halberstam, quien tomó la fotografía que inmortalizaría a Thích Quảng Đức como "the burning monk", el monje en llamas, y que posteriormente describiría la dramática situación de esta forma:
Tendría esa visión nuevamente, pero una vez era suficiente. Las llamas estaban surgiendo de un ser humano; su cuerpo estaba marchitándose lentamente, su cabeza se ennegrecía y se carbonizaba. En el aire estaba el olor de carne humana quemada; los seres humanos se queman sorprendentemente rápido. Detrás de mí podía escuchar el sollozo de los Vietnamitas que ahora se reunían. Yo estaba demasiado conmocionado para llorar, demasiado confundido para tomar notas o hacer preguntas, demasiado desconcertado para incluso pensar… Mientras se quemaba nunca movió un músculo, nunca pronunció un sonido, su serenidad exterior en agudo contraste con la gente que se lamentaba a su alrededor.
La historia para mí empieza muchos años después, cuando, mientras navegaba en Internet, me topé por casualidad con la impresionante escena captada por Halberstam. En ella se aprecia la calma y el autocontrol del monje mientras las llamas lo abrasan vorazmente. Para aquellos que no la conozcan, ésta es la fotografía:

El impacto y la curiosidad que generó en mí fueron bastante grandes, y me llevó a leer ávidamente todo el material que encontré acerca de ella. Pronto me enteré de las circunstancias bajo las cuales ocurrió todo, de que Thích Quảng Đức no fue el primer ni el último monje que se quemó, y de detalles curiosos como que su corazón permaneció intacto.
Pero más que en el contexto cultural e histórico o la repercusión pública que tuvo este acto, me interesa enfocarme aquí en la filosofía y el profundo significado que hay detrás de él, pues es difícil de entender para una mente occidental que algo así pueda llevarse a cabo por motivos distintos a la locura o la desesperación. Yo probablemente no lo hubiera entendido de no ser por una carta que Thich Nhat Hanh, un conocido maestro Zen, envió a Martin Luther King. Pretendo publicar una traducción completa de tal carta más adelante, pero aquí sólo quiero destacar las partes que me causaron mayor impresión.
Lo primero que hay que entender, y que puede parecer absurdo en primera instancia, es que para estos monjes no se trata de un acto de suicidio. A pesar de que la posición del Budismo frente al suicidio es un tema complicado, es claramente visto de forma negativa cuando tiene como causa el deseo de autodestrucción:
El suicidio es un acto de autodestrucción [...]. Esta autodestrucción es considerada por el Budismo como uno de los crímenes más serios.
En este caso sin embargo, la muerte es vista simplemente como una consecuencia natural de quemarse severamente, no como el objetivo en sí (el texto entre corchetes es mío):
La diferencia entre quemarse y quemarse hasta morir es sólo una diferencia de grado, no de naturaleza. Un hombre que se quema demasiado debe morir [a consecuencia de sus heridas]. Lo importante no es tomar la vida propia, sino arder. Lo que realmente busca [el monje] es la expresión de su voluntad y determinación, no la muerte.
Lo realmente importante entonces es transmitir un mensaje mientras se soporta el dolor causado por las llamas, pues quien "habla" de esta manera expresa que tal mensaje es de la mayor importancia:
No hay nada más doloroso que arder. Decir algo mientras se experimenta este tipo de dolor es decirlo con el mayor coraje, franqueza, determinación y sinceridad.
¿Y cuál es ese mensaje tan importante? Uno muy sencillo y profundo:
Creo con todo mi corazón que los monjes que se quemaron no apuntaban a la muerte de los opresores, sino solamente a un cambio en su política. Sus enemigos no son hombres. Son la intolerancia, el fanatismo, la dictadura, la avaricia, el odio y la discriminación que yace en el corazón del Hombre. [...] No maten al Hombre, incluso en nombre del Hombre.
Es esta enorme compasión y capacidad de sacrificio lo que marca finalmente la diferencia:
El monje se que quema no ha perdido su coraje o su esperanza, ni desea la no-existencia. [...] Él no cree que se está destruyendo a sí mismo; él cree en la buena realización de su acto de autosacrificio por el bien de otros. [...] El monje cree que está practicando la doctrina de la más alta compasión al sacrificarse a sí mismo para llamar la atención y buscar la ayuda de la gente en el mundo.
Nos encontramos en definitiva frente a un acto de creación y compasión.
Cuando miro la fotografía no puedo evitar pensar que representa de forma sublime la victoria suprema sobre nuestro miedo más grande, la muerte, y el desapego total a nuestra posesión más preciada: la vida. Es el contraste entre el poder del espíritu y la fragilidad de la carne llevado a su máxima expresión. Quien ha alcanzado un dominio tan completo de sí mismo es inmune a todo. Gracias Thích Quảng Đức por tu hermoso mensaje.

Apr
26
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Sin categoría Bienvenido, lector anónimo (y probablemente inexistente) a este humilde blog que hoy vierto al ciberespacio. Si debo ser sincero, no sé claramente la razón que me impulsa a crearlo. Quizás es el deseo de desarrollar mis ideas de una forma más estructurada, y de evitar que se diluyan en las ocupaciones y preocupaciones cotidianas. Quizás busco una forma sencilla de recopilar y compartir la información que me interesa. O también puede ser simplemente el mundano hecho de que, como todo ser humano, una parte de mi tiene la necesidad de hablarle al mundo y de creer que, en algún lugar recóndito, alguien escucha.
Me demoré diez segundos en pensar en un título. Normalmente me cuesta mucho ponerle nombre a las cosas, pero extrañamente esta vez la frase llegó de forma casi natural. Sé que no es especialmente original, pero me gusta la sensación de vértigo que me genera, la misma que experimento en los momentos en que cobro conciencia de cuán grande es el mundo y de lo insignificante que soy.
De cierta forma es un sentimiento similar al que inspira el pensar en la muerte, puesto que cambia bastante la perspectiva con la que se mira todo. Es muy fácil dejarse engañar por los bienes que adquirimos, los sueldos que ganamos o las metas que cumplimos, y creer que somos especiales, casi invencibles incluso, pero basta pensar por un minuto en estas dos cosas (muerte e infinito) para que de pronto todo lo demás se haga diminuto.
Cuando miro a la gente y me veo a mí, me doy cuenta lo extremadamente lejos que estamos unos de otros, escondidos en miedos, apariencias, costumbres y tantas otras barreras de protección. Me imagino que somos como los átomos, con una apariencia externa sólida que esconde un núcleo pequeñísimo en el centro. Yo mismo me siento como un ser aparte que vive dentro de la persona que interactúa con el mundo, observando y analizando lo que sucede alrededor como si fuera una película, pero sin mostrarme realmente a nadie. Hoy sin embargo, decidí cruzar por un momento la brecha que me separa del exterior para saludar. Saludar desde muy lejos.